domingo, 10 de abril de 2011

Indicios (I)


EN la perenne vigilia de los relojes vacíos nunca descansan los fantasmas, y las cadenas se arrastran, por sí solas, plomizas por las venas. Hay un terror a los afectos que desconocía, pero no sé donde se haya su nido deletéreo. ¿Qué hacer ante un disfraz de roca fundido a la piel, cuando es inevitable la ternura? Bajo el temblor de la incertidumbre más oscura, todas las preguntas que no llegaron a formularse, se ajustaron al rumbo disperso de un viento incierto en la ceguera; y todo se endurece, quebradizo, frente al golpe expectante.

No, no es el silencio la respuesta, pero hubo una incógnita que se perdió con el relámpago. ¿Cómo caminar a corazón descalzo sobre un pedregal afilado de mentiras? El visionario sin mirada escupe fibra de vidrio desde sus gélidos ojos postizos. Así es el llanto de los que cayeron, enfermos de hambre azul. No pienses en las alas como respuesta. Beben de un viento equivocado allí donde atronó cegador el relámpago. ¿Cuándo cesará por siempre tanta sed verde?

Hay cicatrices en los párpados con forma de alas abatidas tras el fulgor postrero. ¿Por qué suenan las huellas perdidas como miembros amputados? ¿Dónde encontrar, en mitad del desierto, la gota de agua? ¿Dónde?

Va el sembrador con los pies hundidos en un mar de huellas que se desvanecen, y una humedad de hiel espesa en la lengua, que no se sostienen sobre la marea moribunda. El mar sangra.

Se perpetúa un amargor insoportable de desapariciones en los labios. ¡Cuánto veneno mezclado a la saliva densa del recuerdo! ¡Qué profunda grieta en la mirada rezumando lágrimas yermas! ¡Cuánto dolor engullido lentamente por no querer escupir a la deserción al rostro!

Acude, si quieres, a ver los huesos desnudos tras el primer crepúsculo, pero mantente lejos, y oculta en un suspiro las manos. No turbes el desasosiego del monólogo ni su voz quebrada de veneno contenido. Tú no lo sabes, pero robaron las uñas quebradas del aire sin brazos. No te preguntes quién, ni tú lo sabes.

Es mejor no decir nada. Sólo seguir en la mentira a voces del latido de los pies desnudos. Y habitar en la bruma de la ciénaga celeste sumida desde siempre en lo oscuro. Tengo sueño, mucho sueño.

Diciembre de 2006 - abril de 2011

sábado, 9 de abril de 2011

Llega la Semana Santa y, tan ateos, empeñados en no soltar la torrija


TAN merecedor de reprobación es el corrupto, como aquellos que son incapaces de reconocer en el ojo propio la paja -al menos la paja- que ven en el ajeno. Así jamás conseguiremos limpiar el albañal de la política de baja estofa y buitres de altos vuelos de nuestros días. Lo que, tan vehementemente, exigimos a los otros, debemos ser los primeros en cumplirlo. Y, tal y como está ya el patio -quién sabe si abierto a un jodido salvapatrias con estrellas en los hombros-, no valen peros.

viernes, 8 de abril de 2011

La política, estúpidos, la política


CUANDO, tras haber firmado aquel pacto mal llamado de progreso, formaron el equipo de gobierno, no les quedó otra opción, dados su rancio abolengo y sus ilimitados y deletéreos tentáculos, que nombrar, a aquel mafioso y serio aspirante a marqués, primer terra-teniente de alcalde.

Ilustración: El conde de Pinohermoso y el marqués
de Molins, a caballo, en las afueras de Sevilla,
por José Roldán (1848). Madrid, Museo del Prado.

El espejo de la melancolía (XI)


no encuentra los motivos del poema
ahogado en los desechos del lenguaje

At land (de Maya Deren)

Parte 1ª



Parte 2ª

jueves, 7 de abril de 2011

Breve tratado pagano y radical de anti-psicología


El mundo se divide –“nuestro” mundo-
en un par de submundos paralelos,
reflejo uno del otro, uno en los otros,
con un vidrio azogado de por medio.
Del lado de las sombras siempre el ego
–amplio caleidoscopio constituido
por siete mil millones de cristales-
pugnando por hallar tras de sus límites
la luz que sin arder arde en los otros
–simbiosis, pese a ser un simulacro,
caldeando la pared de la caverna
del ser íntimo y solo en su deriva.
Pero este a un tiempo micro y macrocosmos,
este adentro y afuera que titila
como una estrella agónica sin centro,
se ha visto desde siempre encenagado
por fieros asesinos de luciérnagas,
roedores de la osmosis y el azogue,
ladrones del rescoldo y el encuentro,
labriegos del rencor y de la cólera,
que elevan sus estériles mazmorras
con las ruinas opacas de ese abrigo
mudado en intemperie por su causa.
Y esto destroza el nexo, el nervio, empuja
al ego a un albañal de neurastenias,
a una Babel-abismo, a una condena
de oscuros laberintos sin Ariadna.
Al pútrido estertor de la carroña,
llegan después psicólogos, psiquiatras
e hipócritas pastores de lo eterno,
con burdos embelecos de trilero,
buscando hacer su agosto en la cellisca
haciéndonos pensar que está en lo adentro
la luz que extravió nuestra desidia.
Jamás oigas sus cantos de sirena;
son la consagración del odio, el pánico,
del margen sin regreso a la otra orilla,
la lápida que sella el mausoleo
del micro y macrocosmos agostados
al borde de la más terca entropía.
Mas no te ates al mástil, vence el miedo,
ábrete paso a golpes, dentelladas,
en medio de esos limbos para-lelos,
hasta mudarte azogue, amor, reflejo,
fundiéndote en los otros a tu ego.

Cincuenta


Cómo se pasa el tiempo, amiga mía,
y cómo, en su patética arrogancia,
el hombre finge eterna su fragancia
en tanto se marchita y se vacía.

Cómo ha pasado el tiempo. Y qué agonía
intuirte envejeciendo en la distancia,
sabiendo que no habrá una circunstancia
menguando tanta absurda lejanía.

Perdona que hoy me muestre, pues, sincero,
diciéndote, mi amiga, que te quiero,
habiéndote aun ya dado por perdida.

Lo siento; no es buen día. Mas la vida,
tan frágil, se nos va en cualquier momento;
tal vez mañana no me quede aliento.

miércoles, 6 de abril de 2011

Breve lección marxista para parvulitos


qué putada camaradas
ese ambiguo privilegio
llamado libre albedrío

selecto don del que gozan
¡gracias a dios! unos pocos
practicando el esclavismo

Jet lag


La tarde-noche que llegué a La Habana,
tras 10 horas de vuelo, y 6 cubatas
de ron Liberación con Coca-Cola,
a casi 12.000 metros de vértigo,
ya era de madrugada en la Península.
No pude pegar ojo ni un instante,
uncido de aquel húmedo y espeso
bochorno salitroso hasta la médula.

A las 10 menos ¼, hora española,
1 hora menos en Canarias,
cuando aún

no había amanecido en el Caribe,
muy cerca del nombrado Malecón
se oyó el canto de un gallo por tres veces.

martes, 5 de abril de 2011

Por cuánto tiempo más...


por cuánto tiempo más
la máscara que encubre
que silencia el dolor
oculto a duras penas
tras esta mueca atroz
que finge ser sonrisa
que frena en la garganta
el llanto inconsolable
la queja el alarido
la hiel la sed la súplica
no estallará en pedazos
hiriendo de metralla
violando emponzoñando
el rostro los pulmones
el sexo las pupilas
la piel la luz la sangre
la postrer la marchita
la estúpida esperanza
por cuánto ya por cuánto
soportará la entraña
el sórdido disfraz
que reprime amordaza
la palabra el aliento
la pasión los anhelos
la pasión la aflicción
la pasión el tormento
sin ahogarse extinguirse
por cuánto este sudario
este ataúd la tierra
que inhuma merma pudre
por cuánto cuánto cuánto

Flema


el que escupió
sus versos
siguiendo
los dictados
–hirsuta
dictadura-
de un
corazón
enfermo
del hígado hecho
náuseas
bilis
vómito
los miembros
amputados
su aliento hecho
pedazos
el que escupió
sus versos
sin sitio
ni motivo
para el
cántico
sin un
punto
de apoyo
para
volver al
mundo
el que escribió
de abismos
muros
jaulas
naufragios
intemperie
sombras
páramos
escoria
niebla
polvo
-mas polvo enamorado-
espectros
ruinas
plagas
alimañas
serpientes
escorpiones
buitres
ratas
gusanos
laberintos
telarañas
mortajas
sepulturas
camposantos
poblados
de
sacrílego
destiempo
de
sogas
y
mordazas
de espantosas
mazmorras y
verdugos
sin clemencia
cadenas
cepos
potros
de tortura
patíbulos
destierros
deserciones
del miedo el
alarido
la congoja
con esa atroz poética
que nace
del frío
putrefacto
de lo muerto
de un sueño
degollado
las piltrafas
–mordidas
por la sed-
de la esperanza estéril
del vértigo el dolor dolor el llanto
el que escupe el que escribe el que suscribe

lunes, 4 de abril de 2011

Bancarrota


se me fue de las manos
no supe establecer un objetivo
–tal como debe ser
con los pies en la tierra-
acorde a los recursos disponibles

a mis debilidades
fortalezas

las oportunidades

y amenazas –matriz DAFO lo llaman-
que igual que un buitre hambriento se cernían
sobre la seductora y ardua empresa
–hacer nido en los cielos-

tampoco fue acertada la estrategia

o más bien nunca
tuve
lo confieso

un plan de acción premeditado

y así
- - sin darme cuenta
se me fue de las manos
lo que nunca alcancé
a engendrar desde un sueño
a rozar con las alas

a tocar con los dedos

domingo, 3 de abril de 2011

El espejo de la melancolía (X)


el que buscó la luz
debajo de las piedras de la noche
y halló un nido de ruinas
- - - la vacua picadura
- - - del alacrán del tiempo

sábado, 2 de abril de 2011

Seguidilla (XIV)


-¿Qué he sido para ti?
-Huella en la arena
borrada para siempre
por la marea.


-Tú un epitafio
cincelado en mi pecho
como en un mármol.

El espejo de la melancolía (IX)


cuando cese el eclipse
y el sol muerda la nieve

El espejo de la melancolía (VIII)


SILENCIO

cadáver de un vocablo asesinado
carente de sudario que
del polvo

ansía reencarnarse en forma de poema

Fotografía: Sergio Bretel.

El espejo de la melancolía (VII)


se zambulle en las aguas
de azogue que desecan su memoria

su lengua es polvo y sal
- - su corazón
carroña picoteada por Saturno

viernes, 1 de abril de 2011

Amurada


En enero de 2007 decidí meterme en la piel del alma de una ficticia mujer uruguaya afincada en Buenos Aires, Julia Villarejo decidí llamarla, y publicar en su nombre, y en otro blog que todavía mantengo, esta carta de desamor que, hoy, traigo aquí. Hasta siempre, Julia, llegaste a ser casi real.

COMO, al fin y al cabo, tú también sabes del alejamiento y la renuncia, quiero suponer que imaginas, e incluso llegas a valorar un poquito, el enorme esfuerzo que me cuesta no llamarte e ir a verte casi a diario. Porque, aunque tú y yo ya jamás podamos ser amigos -a pesar de que en alguna ocasión hayas expresado fríamente y desde la distancia lo contrario, yo no puedo dejar de pensar que, para mi desventura, es así-, lo cierto es que yo te continúo queriendo con toda mi alma. Sin poder ni querer pedir nada a cambio. Sólo recibiendo aquello que decidieses entregarme libremente desde el corazón, por poco que fuese. Como siempre. Y aunque ahora piense que lo más probable es que en todo momento hayas creído que tal cosa no era más que la milonga de una mina tostera y casi pucha que te tomaba por poco menos que un otario. Pero no te preocupes, esta lucha también la mantengo por mí.

Lo que, tal vez, ni siquiera tú puedas llegar a imaginar es lo duro que resulta no poder saber nada de las personas a las que quieres con todo el alma y a las que no puedes apartar un solo instante del pensamiento. Como a mí me sucede con vos.

Es tan duro que, a veces, por unos instantes, llego a desear no haberte conocido nunca; ¡con lo que yo siempre he abominado del olvido! Pero me horroriza tanto la posibilidad de acabar inhumando los despojos de estos recuerdos muertos, que siempre termino por buscar consuelo pensando que sería preferible volver al pasado -¡cómo si algo así fuera posible!- para recomenzar de nuevo el camino que extravié entre la bruma. Pero no a ese momento en que mis ojos se anclaron a los tuyos, sino a un pasado mucho más antiguo, a un pasado en el que aún podríamos haber estado a tiempo, en el que yo hubiese podido tener un futuro en lugar de esta sucesión de horas sin sentido que se desgranan tan pesada y lentamente y parece que nunca vayan a tener fin, a ese pasado en el que con toda seguridad coincidimos tantas veces tomando el sol de febrero en Pajas Blancas o de farra en algún boliche del Mercado del Puerto sin reconocernos, sin yo saber, entonces, que allí, junto a mí, estaba el hombre de mi vida. Puede que hasta alguna vez, incluso, alcanzasen a rozarse nuestras manos, sin que yo, torpe e insensiblemente, llegase tan siquiera a estremecerme. Hoy, de poder volver hasta mucho antes de haberte conocido, yo lo sabría. Pero ya es tarde.

Es tanto el mal que siento que hasta he llegado a contemplar la posibilidad de seguir tus recomendaciones y acudir a visitar a un especialista. Si eso me ayudase a cerrar esta herida, pero conservando intactos mis sentimientos, no lo dudaría ni un momento. Pero eso no sería así, seguro que acabarían arrancándome el amor, como a quién le amputan una pierna o un brazo, y, tal vez, como les ocurre a muchos de esos pobres lisiados desmembrados, continuase, pese a todo, doliéndome el vacío, este vacío que ya me inundará sin vos por todo el resto de mi vida. Y el amor que he sentido y aún siento por vos no lo cambiaría por nada del mundo, por mucho daño que me esté haciendo el haber tenido que enterrar mis ilusiones en vida.

Durante todo este tiempo he logrado mantenerme a flote en esta lucha que sé bien que está destinada a la derrota, pero en estos últimos días, tras tu ansiada llamada y las amables palabras que me dedicaste, las cuales, tras tanto silencio, ya no reconozco ni soy capaz de interpretar con la mínima claridad, el enfrentamiento conmigo misma se ha vuelto mucho más cruento y cada vez me siento más agotada, más incapaz de seguir luchando. He llegado a unos límites en los que se me hace imprescindible concederme una tregua, pero eso ya no depende de mí, puede que de vos tampoco. He pensado en llamarte en varias ocasiones, por si lográbamos reconocernos aún en algo y, así, lograba alcanzar esos instantes de paz que tanto necesito para poder seguir manteniendo esta batalla injusta y desigual que se ha desatado entre lo que debo hacer y mis deseos. Pero ya no sé si vos estaréis al otro lado del teléfono. O si yo seguiré en éste.

El espejo de la melancolía (VI)


jardines de ceniza
para la flor del verbo
inviernos calcinando
la sangre coagulada del poema

El espejo de la melancolía (V)


la sed de un alarido
en coito enajenado con el vértigo
percute en el silencio astilla el vaso
y el agua desangrada se despeña
al sórdido albañal de las mordazas
con trozos de metralla en los pulmones