viernes, 6 de julio de 2007

Bestiario (IX)

(Ramnusia)




Eres el nido que alumbra al poema: pájaro ciego

sin alas.


* * *


Desde esta tela de araña

Atrapados de infortunio

No han de volar los insectos

de la noche.


* * *


Está la mariposa

deshojada.


* * *


Incinérame de olvido, pájaro blanco de fuego. Y ofrenda mis cenizas apagadas, a la reina de las lilas: virgen vestal sin simiente, metamorfosis






inalcanzable.


* * *


Qué estéril

Promiscuidad,

Cuánto silencio.


* * *


En mi parva desmesura, con la vara de un manzano, golpe a golpe desmedida.


* * *


Vuela a lo lejos el cisne, escupiendo su desprecio.

(De mis bestias, la más cara, lleva una rueda en la mano)


* * *


Arde el nido:

Vuelan los muñones

desolados.

Desesperanza

Esquirla de humo infranqueable

penetrando sin estirpe la memoria
-mazmorra de gemidos rogando el desenlace
sobre un túmulo de cenizas y silencio-

cuando la noche,
insomne,
se espesa en el tumulto del viento
y las estrellas,
marchitas,
se acogen a una niebla recóndita
y a sus miradas,
turbias,
lamiendo el ácido espejismo
de su inútil y frágil existencia.


24 de julio de 2006

Haiku


Crepita el bosque
Pinta el sol sobre el humo
Su sangre arbórea.

Sin retorno

Fui marcando concienzudamente el camino de regreso con semillas diminutas de esperanza. Y al volver la vista atrás, vi cuervos y palomas, disputándose mis huellas.

jueves, 5 de julio de 2007

Cuenta atrás

Tictac
tictac
tictac…

Momodou
Dicen que de tuberculosis
En Kenema, Sierra Leona.

Tictac
tictac
tictac…

Soraya
De sarampión y miedo
En Yinga Alem, Etiopía.


Tictac
tictac
tictac…

Melchior
Aquejado de malaria
En Muyinga, Burundi.


Tictac
tictac
tictac…

Nehanda
Presa de un SIDA congénito
En Chipata, República de Zambia.


Tictac
tictac
tictac…

Laila
Violada en un vertedero
En Masaka, Uganda.


Tictac
tictac
tictac…

Efraín
Mermado por la disentería
En Cuilapa, Guatemala.


Tictac
tictac
tictac…

Mohandas
A manos de su amo y señor
En Madrás, República de la India.


Tictac
tictac
tictac…

Paulo Henrique
De aspirar y aspirar pegamento
En São Paulo, Brasil.


Tictac
tictac
tictac…

Badia
Bala colateral en la nuca
En Jenín, territorio ocupado de Cisjordania.


Tictac
tictac
tictac…

Fátima
Su pie, menudo y descalzo, volado por una mina
En los alrededores de Kandahar, Afganistán.


Tictac
tictac
tictac…

María
De neumonía previsible
En Benguela, Angola.


Tictac
tictac
tictac…

Norodom
De hambre, hambre y más hambre
En Battambang, Camboya.


Tictac
tictac
tictac…

Irina
De desamparo y frío
En Moscú, Federación Rusa.


Tictac
tictac
tictac…

Mohammad
De la más inmensa de las miserias
En Tessaoua, República del Níger.


Tictac
tictac
tictac…

Hassan
Carcomido de moscas
En Jendele, Isla de Zanzíbar.


Tictac
tictac
tictac…

Amina
Por lamer una granada abandonada
En Basora, Protectorado de Iraq.


Tictac
tictac
tictac…

En Nigeria.


Tictac
tictac
tictac…

En Costa de Marfil.


Tictac
tictac
tictac…

En Pakistán, Bangladesh o Indonesia.


Tictac
tictac
tictac…

En el Congo, la China o Haití…


Tic…

tac.

A cada tres segundos
En cualquier lugar del mundo
-también, por qué no
Los Ángeles o Barcelona-
Con la complicidad indecente
De una ignominiosa indolencia
Se inicia la cuenta atrás
De una nueva muerte prematura.


Tic…

tac.

Mientras tanto
Los grandes gerifaltes
Traficantes de desdichas que se ciernen
Sobre los tristes despojos
De una niñez de tercera
Hipócritas y solemnes se congregan
En los altares del despilfarro
Y tras arduas deliberaciones
Como solución prodigiosa
Terminan por designar
A una estrella del deporte
Embajador contra el hambre
Gran protector de la infancia
Cónsul frente a la miseria…


Tictac
tictac
tictac…


Tictac
tictac
tictac…


Tictac
tictac
tictac…


Tic…

tac.


24 de agosto de 2006

La aciaga sonrisa del frío

Cuando ya no se sospecha el horizonte

Tras el último recodo del camino,

Tratas de seguir a duras penas,

Con la tibia del alma quebrada,

Caminando. Transitar las aristas del vacío

A pesar de los cristales de ceguera

Que aturden como plaga tu mirada.

Pero no, ya no

Puedes.

Y entonces te arrastras como un gusano

Y sientes desplomándose en tu espalda

El peso sin medida del desprecio.

Derrotado por el miedo y la congoja

Buscas el cobijo, como loco, del regazo de las lilas,

Y llamas llamas y llamas

A sus puertas, como aldaba, sin descanso.

Pero prosiguen cerradas:

Te han expulsado del huerto

Donde antaño conjugaras tu sonrisa

Con el verbo colorido las flores.

Y preñado de confusión y desespero

No entiendes. No entiendes

Nada.

Y buscas algunas respuestas

Sobre la cola ajada del viento

A todas las preguntas sin sentido

Que te fuiste dejando cada ocaso

Con jirones de tu sangre en el camino.

Y de repente, una noche,

Lo comprendes:

Hace ya siglos te dieron por muerto.

Hace ya siglos que nadie te busca y desde entonces

Dejaste de ser sin saberlo.

Y olas negras te arrebatan como fauces de Quimeras

Y ya en tu derredor tan sólo se vislumbra

La aciaga sonrisa del frío

Que te acecha como mar de desaliento,

Segura en su pronto triunfo,

Desde el orto sin principio de los días.

Agotado

E inerme

Continúas braceando frente al mar y contra el cieno

Pero en verdad sólo deseas

Abandonarte y hundirte dulcemente

Y anegarte con la sal, eternamente,

De la sima inmaculada del olvido.

D-efecto invernadero

Llueve.

Es casi agosto y llueve.

Y es que del cambio climático

Hay determinados corazones

Que atados al gemido monocorde de sus latidos a la intemperie

Nada entienden.

Y un hondo secarral golpea en sus tejados como granizo

Infartando la esperanza

Y tintando el arco iris

De destierros.

Es

Casi agosto. Llueve.

Lluvia de sed en los párpados

Y un fuego helando las gotas

De rocío.

miércoles, 4 de julio de 2007

“Progreso”

Para este fallecimiento absoluto y galopante, esta amarga hipoteca programada a cómodos plazos, éste inmenso deceso que, aunque nos sigamos sintiendo dulcemente vivos de momento, a todos nos incumbe, la muerte ha arrumbado la guadaña, para ponerse al volante de una apisonadora.

Balsa a la deriva

Se derrama mi tristeza
al calor que le otorgara
la caricia del poniente.

Demérito

En mi currículum
sólo destaca tu ausencia.

La dama de hielo

Una palabra, un simple
¡no! o un nunca,
pueden llegar a doler
más que el sabor de la ausencia
en la memoria fantasma
que ni será ni hubo sido.

Pero nunca existirá
algo tan letal como el silencio.

Yo, que llevo la garganta rota
y sonidos de cenizas apagadas
obligadas al destierro por el viento,
lo sé muy bien,
demasiado bien.

Es tanto mi dolor que a veces,
cuando arrastro mi piel sobre el asfalto,
se me fugan desde el fondo de mi abismo
los gritos de la sangre deformada
por las lágrimas que pugnan bajo el párpado;

mas esto, mi amor,
no deja de ser silencio,
el más filoso cuchillo
del más helado silencio.

Es entonces cuando al lado
del más lejano confín
del aliento congelado del vacío
me siento morir por un instante
y no tengo miedo
y llamo y abrazo a la muerte
y a sus fauces amorosas que conducen
al regazo sin principio del olvido;

mas sigo en mi lenta agonía
entre el abismo y el grito.

Yo, ya,
sólo soy
un mal ejemplo.

Mas tú, mi amor,
no permitas que te atrapen los errores
que sin tiempo me encadenan al vacío;
abre tus venas al viento
y GRITA, GRITA, GRITA, GRITA, GRITA;
y arrastra tu corazón
hasta el pie de tus deseos;
lame sin ningún pudor el dolor de sus heridas,
esas heridas purulentas que ya
son tuyas, y planta cara al silencio.

Mientras lleves coágulos de sangre,
latiendo, o lágrimas de hielo desolladas
por el aire de un suspiro inacabado,
¡hazle frente!, y GRITA.

¡Yo te maldigo, dios farsante,
que nunca supiste acompañarme!,
sin poder ni saber gritarte
que no puedo,
que no,
que ya no,
que ya no puedo más,
no, ya no,
ya no,
ya no,
ya no puedo más...

Pero tú, GRITA,
GRITA, GRITA, GRITA, GRITA, GRITA
Por lo que más quieras
Por lo que más me odias
GRITA…

No pido que lo hagas por mí
-ni por mí ni por los otros-,
sólo y tan sólo por ti,
grita tu gélido aliento
sobre el hielo que calcina
la semántica perdida
de mis palabras sin eco…

y condúceme veloz
a la única dulzura.



20 de enero de 2007

Breve e intranscendente lección de geopolítica

Fotografía de Kevin Carter, con la que ganó el Pulitzer de fotografía en 1994. Meses después se suicidó.

Al sur de la inconsciencia, muy pocos se plantean, si ferrocarril o avión, si playa o montaña, si Microsoft o Apple, si carne o pescado, si baño o ducha, si coca o pepsi… En realidad, al sur del paralelo de la miseria, muy pocos se plantean gran cosa. O sobreviven, o se mueren de sed y hambre. Eso es todo.

martes, 3 de julio de 2007

Oasis para un gélido estío


Hoy,

Tan aterido de frío

¡De oscuro frío de muerte!

He convocado al poniente.

Pensaba que no vendría

Hasta mi páramo inerte,

Pero anegó de calor

La cellisca de mi frente.

No ha sido más que un suspiro

Dulce, transitorio y leve

En mi efímero presente.

Casi apenas he llegado

A rozar con mi mirada

El aroma de su aliento,

Para dejarlo escapar,

Sólo un instante después,

Mansamente entre mis dedos

¡Sin contagiarle mi escarcha!

¡Sin mezclarlo a mi veneno!

Mas me ha llenado de luz

Para aguantar este invierno

Que me hiela la esperanza

Con la aridez de un desierto.

Sangre de eclipses

¿Y si una mar, como humilde verdugo, viniese a buscarme en traje de noche? ¿Prodigaría en sus olas piadosas los tristes vestigios de mi osamenta, ya carcomidos de tiempo vacío? ¿O huyendo entre las dunas amarillas, seguiría a merced de los recuerdos? Al fin, sólo el mar sabe del ocaso que se oculta en los arcanos perdidos, legado de milenios de desidia. Y la luna, como reflejo insomne en los sueños del sol que la marchita de eterna ausencia, se pudre eclipsada. Busco una espada dilecta en mi pecho, que arranque las espinas que la rosa mezcló a la sangre en mis venas, veneno, como llanto, secándose de océanos.

lunes, 2 de julio de 2007

Sin epidural

Estos días, en los que escribo tanto, podéis sin duda decir, que estoy bien jodido. Y ya se sabe, tras la jodienda, la preñez. Y después, el parto. Sin epidural ni leches.

Quijote

Sin Grial ni caballeros,
Tabla redonda en ruinas,
Peregrino en mis ensueños.

(Al alba
Se agigantan los molinos,
Sogas, como aspas, al cuello)

Camisas de fuego en el alba

De noche, todos los trajes son pardos. Pero si en la madrugada, los hacemos copular con nuestros sueños, alumbran a la luz del alba, camisas de mil sabores.

De la fertilidad de los sueños

A Paquita, con cariño.


Del esperma de un sueño vacío,

Cada aurora concibe unas alas

Que se incendian de gélida escarcha

Abismándola bajo las fauces

Del ocaso macilento.


(Áspero coito nocturno

Que, precario, la exonera,

Al crepúsculo del alba,

Alumbrándola en el viento


Es la vida un espejismo,

Falsa cópula de ensueño)


Pero tú

¡Levanta el vuelo, viajera!

Por la ruta migratoria

De los sueños.

Frío

Una cloaca

Puede ser cálida


Si es que se tiene

Alma de rata


(Y yo

Tan de-sal-ma-do)

Duda

Y no dejo de pensar

Que sin sueños que perder

Ni alboradas por ganar

Debo acudir a tu encuentro.

Pero me quedo varado

Por si acaso todavía

No están tus noches vacías

No ser ladrón de tu ensueño.

Uñas

Cada vez que llamo a tu puerta,
Yo, que como bien tú ya sabes
Soy ateo ¡Te lo juro!:
No me acerco guiando mis pasos,
Sino arrastrado como espuma
Por un viento de otoño ingobernable.
Un vendaval que cada tarde
Se ceba en mis uñas que se aferran
A la nada, tirando de mí hacia tus labios;
Hasta que ya no resisten y se rompen
-Gozo sublime de uñas quebradas-.
Y gaviota me alzo en vuelo
Atraído del aroma de tu orilla,
Y cuando en los instantes de poesía
Que aderezas con banderillas picantes
Y unos tragos de cerveza fría,
Te abres a mí sin precauciones,
Ardo por caer sin alas
En las cálidas cumbres de tu abismo,
Siendo en ti, de ti, sólo contigo,
Fundiéndome, de-rra-mán-do-me
Asiéndome a tu abrazo tal que fuese
Último aliento en el vacío,
Y anhelo seguir junto a ti
Durante toda la noche
Abrazado, abrazados, abrazando,
Prendido a la sima más ignota
De un suspiro,
Saboreando cada centímetro
De tu piel,
Viviendo en los latidos
De tu cuerpo,
Saciando mi sed infinita
En la estela salobre de tu océano,
Mientras rogamos al alba
Que se ausente.
Después,
Al subirme a la garganta
Como nausea irrefrenable
La ansiedad por mi renuncia,
Me despido con desgana
Y se me duelen las uñas
Que hincaré de nuevo al aire.
Y me siento agradecido -mientras tú
Me agradeces la visita-
Por tenerme tu puerta abierta
De par en par, siempre.
Más tarde, mucho más tarde,
Cuando consigo aplacar la sangre a duras penas
Que golpea y me golpea desde adentro
Me acuesto y sueño contigo
Y anhelo con todas mis fuerzas
Seguir y seguir durmiendo
A tu lado, en ti, contigo
En el rincón más profundo
De un sueño.


25 de noviembre de 2006

domingo, 1 de julio de 2007

Pronóstico reservado

Cúrame del silencio

-le dije-

pero ya estaba muerta

la semántica

Rima pobre

Enciérrate en tus abriles

Y déjame en mi diciembre,

Que sólo he sido mendigo

Suplicándote tu abrigo

Y sin flores que ofrecerte.

En el latido de la alimaña

Tibios
-------- aquelarres,
Presagios sin nombre.
Cánticos
------------ sin voz,
Devastados salmos.

Testamento inacabado


A mis casi 47 años y en este mundo feliz, este mundo de confort y murallas que nos ha sido regalado graciosamente por los adalides del Estado del Bienestar, podría decirse que soy un hombre joven. Un hombre con la flor de la vida –hubo un tiempo en el que pensé que tal vez pudiera llegar a germinar en forma de lila- aún prendida a los labios. Sí, así podría decirse. De hecho, hasta casi antes de ayer, me seguía sintiendo en la ya tan lejana época de mis 18 años, felizmente inmaduro, y henchido de adolescencia. Pero hoy, atravesado por este rayo que no cesa, me siento tan sumamente podrido, y me duelen tanto la podredumbre y el vértigo en las manos vacías y en la boca del estómago, que ya tan sólo ansío poder desvanecerme en el aire, como el humo de un incendio que nunca regresa. Pero nunca te faltó razón, y yo soy de esos seres, peligrosos, insoportables y desmedidos, incapaces de dejar de darle vueltas y más vueltas al coco. Y tal cosa tiene tanto peso que ni siquiera me permite tratar de echarme a volar huyendo de las cenizas apagadas de mis sueños. Así que, ¿cómo demonios podría desvanecerme a voluntad, aunque ésta fuese la última? Y sigo derramando mi sangre solitaria sobre el asfalto para pintar kilómetro a kilómetro de amargos poemas la carretera, esa carretera que ya no conduce a ninguna parte, porque todos mis destinos se quedaron vacíos y tus ojos ciegos. Poemas de carencia, de silencios estruendosos, de sueños que ardieron sin contemplar la luz de la aurora, de cenizas sin hálito. Y así, como el primer día. Porque yo, aun tan despreciado, te pertenezco. Lo supe con aquel beso inocente e inolvidable que me diste suavemente en la mejilla un lejano y puede que ya inexistente mes de diciembre. Sí, a finales de aquel mes de diciembre de grises apagándose, tal vez como presagio de haber llegado tarde, demasiado tarde, o como triste augurio, entonces desconocido, de un ocaso prematuro sin orto. Pero, aun sin haber nunca comenzado, te pertenezco. Y es por ello que, con cada gesto, con cada palabra, con cada ausencia, con cada silencio, me doy a ti. ¡Pero es tan duro, amor, tener que huir para entregarse! Tanto, ¡qué sí!, quisiera poder desaparecerme definitivamente y sin vuelta atrás, como el último y más elevado acto de mi entrega hacia ti. Pero no, no te faltaba razón, y ¡ya ves!, aquí estoy, como siempre, dándole vueltas y más vueltas a lo irresoluble, vagando y vagando desde mi corazón a mis asuntos, sin poder desvanecerme, sin descanso. Y habré de morir luchando, por el amor o, más bien, contra la guerra, ¡tristes hombres! Y pienso y pienso y pienso… Sí, pienso, luego -¡maldita sea!- existo, pero ¡dios mío –es un decir-, qué solos se quedan los muertos! (¡Menos mal! Jorge Manrique y sus coplas a la muerte de su padre).

sábado, 30 de junio de 2007

Ya la luna se esconde

a un sólo paso
se halla el amor

(llueve un légamo viscoso
de aroma a noche cerrada)

Dislexia

De noche me abrazo a tu nombre

Buscándome.

No obstante,

No llego a ser todavía tan estúpido -tú bien lo sabes-

Como para alcanzar a pensar –una cosa es estar loco

Y otra, bien diferente,

Tener un grandísimo agujero

Ocupando el lugar de la cabeza-

Que habiendo entrado yo hace tanto

A formar parte del listado de bajas

-O de tu lista negra, cómo saberlo;

“Caído honrosamente en acto de servicio”,

Puede que algún día, rece mi epitafio”-

Hayas tú de aparecer en la guía de teléfonos

-No digo tú, digo tu nombre-

En negros caracteres sobre blanco

-Nunca, como te dije en tantas ocasiones,

Llegó a gustarme el amarillo-.


Pero, bah!, que más da,

Ha sido tanto tiempo ya desaprendiendo el abecedario

Que no sabría por que letra

Comenzar a devorarte.


Y sigo hambriento,

Ávido por que a las moscas

Les apetezcan mis carnes.

viernes, 29 de junio de 2007

La presa

Me andan

Buscando,

Quieren sumirme en la ciénaga:

Ya tengo el alma de cieno

Y amplias de plomo las alas.


Me están hundiendo:

Tengo fantasmas al cuello

Y de arena la mirada.


(Hay nieve malva en mis venas)


Trato de alzarme en gemidos.

Pero los labios al cielo

Se abarrotan en sus grietas

De la sal de los recuerdos.


Me andan buscando

Las sombras,

Me andan

Buscando las sombras.

Me andan buscando las sombras.


Quejidos gritos jadeos

Hoguera ergástula abismo

Rescoldo exangüe que extingue

Horas cansadas sin brillo.


Me están

Hundiendo,

Quieren que me engulla el légamo.

(Ya me atraparon

Las sombras)


Me están hundiendo,

Ando perdido:

No hay asideros al sur

De este remedo de estigios

(En las garras de la noche

Se amontonan los jirones

Que alimentan al delirio)


Y “no puedo más

De no poder más.”

Oración sin templo

Dame un respiro, vida!
Deja un instante que sueñe
Que es posible la Quimera,
Y en el lecho del olvido
Permíte que así me duerma.
Dame
Un respiro,
Vida.

(La noche en que se murió
la última de las quimeras
llevose el sueño consigo)

Grito oscuro a destiempo



Trueno en la noche
Siempre tan por detrás
De tus relámpagos
.

Nunca sabrás cuanto me alegro

¿Has tratado alguna vez

De matar a la esperanza?

No, ¿verdad?

Pues, ¿sabes?

Me alegro, me alegro

Mucho,

Nunca sabrás cuanto me alegro

Por ti,

Yo que he pasado por ello

Un trance así

No te deseo.

Que la esperanza, no, no es presa fácil

Y cuando al fin la atraviesas

De certeras y agudas cuchilladas

La muy condenada se resiste

Y sangra. Sangra a incontenibles borbotones

Como el más puñetero y jodido de los cerdos

Y su sangre se te hiela en las venas,

En la boca las manos el mañana.

Y te mira la esperanza con el miedo en sus ojos como dagas

Reprochándote sin comprender en su agonía la inmensa Apocalipsis

A la que guía tu mano en su crimen.

¡Si! Son los ojos de la esperanza, cuando agoniza en su amargo tormento,

El mismísimo espanto, espanto de espantos, glaciar, Infierno.

Y sus gruñidos son

Oh sus gruñidos, son, oh, sus gruñidos

Como tañidos, como tañidos, como tañidos y tañidos y tañidos y tañidos

De muerte,

Como alas negras que arañan el cielo

Lanzando a los abismos a los dioses

Con el tímpano roto

Y la fe requebrada sin descanso,

Tañido inclemente de muerte.

Y cuando al fin

La esperanza se rinde y vencida se te muere

Y tratas de palparte los latidos en el pecho

Tu corazón, tu negro y desabrido corazón sin hálito, también

Sangra.

Y el vértigo, un vértigo

Como la última de las estrellas caídas desde el alma en pena de la noche

Te puede y te puede y te puede y tus gruñidos

Son, oh

Son tus gruñidos

Como tañidos, como tañidos

De muerte.

jueves, 28 de junio de 2007

Vómito y arado

A Octavio

Ante la inmensa y maloliente podredumbre que, a la vista o escondida bajo las alfombras palaciegas, anega el mundo, muchos no sienten la nausea, algunos la refrenan, y sólo unos pocos dejan fluir el vómito. De estos últimos surge el material con el que se labra el futuro.

Bestiario (VIII)


(Dionaea muscipula)

No te anuncies!
Ven!

(Hay semillas en tu anuncio
Floreciendo como fauces
Que se alimentan de espera).

Deuda

Aunque siempre te negaste a mis deseos
yo
¡Te debo tanto!

----- (Nadie deviene a las sombras
----- con su destino en las manos,
----- sólo la sangre viajera
----- marca el periplo del hombre,

-----
¡Sangre buscando otra sangre!)

Yo no nací para el verso,
pero tú
me has hecho verso.

Yo era la sangre en la arena
y nací para el apego,
hoy me dispersan las olas
calcinándome sin fuego.

----- (Si al menos me otorgase tu desprecio
----- la daga con que abrir una hendidura
----- por dónde ver al trasluz
----- alejándose tu sombra).



21 de enero de 2007

miércoles, 27 de junio de 2007

El primer beso


Y una lluviosa mañana de octubre,
sintiendo cerca el sabor de la muerte,
yo
he de volver a buscarte.

Y hambriento te rogaré
que no me dejes morir
sin el placer de besarte.

Outlook Express

He borrado

Todos tus correos electrónicos

Pero aun así

No me ha parecido suficiente


De modo

Que he comenzado a patear y patear la oscura caja del “pecé”

Hasta ver todas sus tripas esparcidas por el suelo

Y salpicaduras como fuego coagulándose a voz en grito

Sobre el celeste casi imperceptible de las paredes


Ha sido entonces

Cuando con la delicadeza y la meticulosidad de un microcirujano

Me he dedicado a ir desmenuzando concienzudamente el disco duro

Hasta verlo convertido en millones de minúsculas partículas

De un polvo inerte

Sucio e inapreciable

-¡Cómo latían

A rojísimos borbotones

Las muy condenadas!-


Las he regado después

Pausada y profusamente

Con las más de las más salitrosas de mis lágrimas

Hasta alcanzar un limo finísimo

Desabrido y fosforescente

Que a pesar del inmenso dolor y de sus gritos

He tragado


Y aun así

Sigues “on line”

Metáforas desde Guantánamo (por María Gómez Martínez)



Odiel Información
En su afán sin descanso por encontrar las armas de destrucción masiva que no estaban en Irak, el pentágono decreta que la poesía puede dañar seriamente la salud. La salud de los torturadores. Creen que la poesía puede desordenar el orden mundial y hasta despertar sospechas en las mentes de quienes la leyeren, vieren y entendieren. Por eso hay que quemar los poemas; mejor aún, hay que evitarlos. Un poema en manos de un secuestrado es una bomba de relojería de efectos desastrosos e incalculables; un solo verso nacido de las frustraciones de un apresado ciego puede hacer más daño que una mina antipersona. Y ellos, los verdugos, saben muy bien cuánto duelen las heridas de las bombas, porque en unidad de dolores miden su potencia. Lo que todavía no saben es que la poesía siempre fue consecuencia de la guerra y no causa. La poesía nació muchas veces del dolor y de la muerte y jamás los produjo. Que fue parida en las cárceles en un afán por derribar sus propios muros y que nunca levantó ninguno. Que no hay palabra escrita o cantada que pueda hacer derramar la sangre de las mujeres y la sangre de los hombres y que sin embargo sí se escribieron muchos poemas con esa misma sangre como combustible siniestro e injustificable.

Porque creen los verdugos que un cachito de dignidad puede librarse de los barrotes a lomos de una palabra escrita, les arrancan de las manos los papeles y los lápices, a los presos sin derecho a juicio, a los secuestrados. No están dispuestos a tolerarlo. Porque en el espacio que queda entre el holocausto de Guantánamo y la muerte caben unas metáforas, los encarcelados en la jaula cubana, escogen la vida, y así con un pequeño guijarro (guijarro humilde) han escavado un túnel desde el borde de un vaso de poliespán, tan hondo que les ha llevado hasta la playa. Escribieron palabras peligrosas de auxilio, versos destructores de conciencias, poemas depredadores de justicia. Escribieron todo un arsenal de mensajes al mundo como terapia, como escapatoria urgente y única, como huida sin salir siquiera de la mordaza ni del capuchón de cetrería, sin lápiz ni papel, sin fuerzas, casi sin sangre. Poesía necesaria, para cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, dijo Celaya.

Estos poemas ‘considerados peligrosos para la seguridad nacional’ serán publicados por una editorial estadounidense bajo las miradas de la dura censura militar. Dicen que los zapadores irán acordonando la zona circundante a las librerías en donde se vayan presentando los poemarios, no sea que el efecto colateral de metáforas tan subversivas dañe la ‘paz duradera’. Estamos, pues, a la espera del uso o abuso que de tan triste expresión entre literaria y terapéutica se haga en los estados del norte. Que igual nos encontramos un poema de Jumah al Dossari adornando la fachada de una central nuclear, incluso la fachada de algún campo de concentración o la de una central térmica. Por qué no, ahora que ya se estudiaron a Juan Ramón Jiménez los de Endesa y les han pillado el punto de imagen que da la cosa poética, pues igual hasta patrocinan la traducción al castellano de los poemas de Guantánamo.

María Gómez Martínez

Periplo

Se han anegado los hitos
En la mar que se ha aterrado
Con el alma de los mitos
Sin destino ni pasado.


Del sí n
o sí no del hambre
Por la lila despojada,
Muere un magnolio en la nada
Yermo de arterias exangües.


Del corazón al vacío
Se des-pa-rra-ma la sangre,
Sal y vómito infinito.


(Hielo templado en que arden
Por sus ansias de aquelarre
Los minutos sin designio).

martes, 26 de junio de 2007

Insomnio

“Porque es la única pena digna de ser sufrida

ha de ser una pena de amor que lo desvela”

Juana de Ibarbourou


Llevo un poema de amor en la boca

Tristemente amordazado. Sus versos,

Anhelo que imposible, se desboca

De ausencia, se me van pudriendo inmersos


En una añoranza profunda y loca

-Piélago oscuro que ahoga en perversos

Silencios las esperanzas-. Ya toca

Exangüe la campana como adversos


Presagios, sin que venga en flor un cántico

Nuevo - - a mostrar el sendero franco

Que al fin redima a la ajada azucena


Que de amor, callada muere - - y en luna

Menguante se consume sin fortuna,

Pensando que a pesar, valió la pena.

Brazos cruzados

Y una vez que fui valiente,

Viniste con tu miedo como escudo.

Trémula;


Trémula, trémula, trémula!


Trémula,

Como llama en la vela que se extingue,

Mancha de cera en mis huesos.

lunes, 25 de junio de 2007

Temo acercarme a ti


Temo acercarme a ti.
Tan turbio es este miedo que, salobre,
Se agolpa sin efugio tras el párpado,
Que ciego y conturbado no vislumbro
Los caminos.

Temo acercarme a ti,
Contemplarme en tu límpida mirada
Hallando sólo sombras, la evidencia
De ser sólo un extraño,
Estrago requebrado en tu presencia,
Indescifrable, ausente.

Temo acercarme a ti;
Le temo a derrumbarme si te alcanzo
Hiriéndote la piel con cada esquirla
De ruinas como escarcha desplomada
Que crecen como náusea en mi impotencia.

Temo acercarme a ti,
Quebrar tu corazón con la incorpórea
E inmensa oscuridad de mi reflejo
Vertiendo en estallido sobre el mundo
Mezclado a tus latidos mi veneno.

Quiero acercarme a ti;
Con mi alma desalmada y sin cobijo
Lo requiero.
Pero me falla el ánimo y, perdido,
Me siento herido, exhausto,
Desamparado, roto,
Rendido y sin resquicios
Frente a la hostil, la hirsuta muchedumbre.

Y tengo

Miedo,
Mucho, mucho
Miedo.
Y me alejas,
Te alejo,
Y te alejas,
Me alejo,
Lejos,
Lejos,
A cada instante
Más y más y más
Horizonte.

Diciembre de 2006 - abril de 2010.



Fotografía: Julia Borodina.

La encuesta más mentirosa jamás contada

Bueno, me pasa María este cuestionario tan "cortito" (como las encuestas telefónicas, que te dicen "son sólo cinco minutos", sí, sí, pero de trescientos o cuatrocientos segundos cada uno) y al que, por supuesto no he dudado en mentir como un bellaco en todas y cada una de mis respuestas. Si a alguien le apetece continuar, pues nada, ¡valor!

1- No te cansas de escuchar… Pues, a parte del murmullo de las olas cuando la playa está solitaria, no me cansaría de escuchar a Carmen Linares, Enrique Morente, Fernanda de Utrera, Dulce Pontes, Cristina Branco, Mariza, Pasión Vega, Nina Hagen, Imperio Argentina, Queen (Oh, Fredy!), Carmen París, Clara Montes, Evanescence, María José Fernández, Gianna Nannini, Adriana Varela, Pink, Ojos de Brujo, Javier Krahe, Rocío Jurado, Phill Collins, Lucie Silvas, Cyndy Lauper, Katie Melua, Mala Rodríguez, La Lupe, Morcheeba, Javier Rubial, Chambao, Eva Cassidy… entre otros. Ecléctico que es uno musicalmente hablando. ¡Ah! y la clásica, aunque la escuche poco. Y Camarón y Paco Toronjo.


2.- Podrías ver miles veces como si fuera la primera, y de hecho has visto... Aunque últimamente no veo mucho cine, sin duda Dogville (de Lars Von Trier), Chinatown, Paris-Texas, y Aguirre (La cólera de Dios). Bueno, y algunas más, pero éstas quizá sean mis favoritas.


3.- No soportas ni de lejos... La incoherencia, la guerra, los proxenetas, los corruptos…


4.- Algo que puedes hacer hoy pero que siempre dejas para mañana... De un tiempo a esta parte demasiadas cosas como para enumerarlas.


5.- Un personaje histórico al que hubieses querido estrechar la mano... ¿Cervantes? Su mano izquierda, jajajajajaja (bueno no es cierto que quedase manco en la batalla de Lepanto, aunque eso sí, esa mano le quedó un tanto “perjudicá”). Bueno, ya en serio, creo que a Carlos Marx, no hubiese estado mal.


6.- Una revolución pendiente... Creo que, si no todas, muy pocas revoluciones dejaron de estar pendientes.


7.- Te pasarías horas aspirando el perfume de... El monte mediterráneo y el mar (ya sabéis, con la playita no muy concurrida).


8.- Tu vicio inconfesable es... No tengo vicios inconfesables (¡Pero qué mentiroso, el jodío mico! jajajajaja)


9 - Y el confesable... El puñetero tabaco. A ver si consigo dejarlo un día de estos.


10.- Hubieras querido que te tragara la tierra aquella vez en que... Cada vez que tengo una discusión fuerte con algún ser querido.


11.- Te llaman maniático/a con razón cuando... ¿Me como las uñas de los pies?, je, je. No sé, debo tener unas cuantas manías, pero ahora no caigo. ¡Ah, sí!, tomar la cerveza en vaso de tubo (cuando no lo hago en la botella), me sabe mejor.


12.- Tu peor pesadilla fue aquella vez que soñaste que... Pues no sabría decirlo, pero quiero pensar que soy capaz de darles la vuelta como Stevenson, que una noche que su compañera lo despertó porque tenía una atroz pesadilla, le dijo algo así como ¿por qué me despiertas, no ves que estaba teniendo un maravilloso sueño? Y a partir de él creo “El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”


13.- El sueño del que no querrías haber despertado fue ese en que… No es bueno estar siempre soñando, pues de ser así no podríamos apreciar en toda su grandeza la belleza de ciertos sueños.


14.- Tu paraíso vacacional es... Un buen libro. Me gustaría también visitar Macondo, pero creo, no sé porqué, que va a ser que no. A parte de eso, cualquier lugar de los muchos maravillosos que hay en este mundo, siempre y cuando no sean destinos turísticos.


15- Lo que más admiro en una persona es... La bondad y la empatía.


16.- No me pierdo ni un solo programa de... Me los pierdo todos. No veo la tele más de 30 minutos a la semana.


17.- Aunque te digan que parece que vas siempre de uniforme, la prenda favorita en que te enfundas cada vez que puedes es... ¿La hoja de parra? Jajajajaja. Bueno, en verano pantalón corto y camiseta de tirantes, también tengo una chilaba para andar por casa. En invierno suelo ir con vaqueros para las ocasiones serias y en chándal las informales (Qué poco serio ¿no?).


18.- Valoras sobre todo en tu compañero de blog... Pues no sé… nunca me lo he planteado. Quizá la sinceridad y la ternura.


19.- Y no soportas... La mala leche ni la falta de educación (¡ojo! Qué tengo un concepto de educación muy particular y me encantan los comentarios picantes y subidos de tono que a algunos les horripilan).


20.- Lo que no soportan de ti los que te rodean es... Supongo que muchas cosas, aunque yo soy malo para juzgar, y menos a mi mismo.


21.- Y lo que suelen alabar de ti es... Aidendiaiden (Ídem de Ídem).


22.- Un libro que recomendarías... Vuelo Ciego, de Idea Vilariño, cualquier poemario de Alejandra Pizarnik, de Blas de Otero, Cernuda, Aleixandre y otros muchos. Me encantó “La conjura de los necios”. ¡Ah! Crimen y Castigo.


23.- ¿Hacia qué lado político te escoras...? No me escoro. Permanezco en la izquierda (aunque parezca mentira en estos tiempos donde la izquierda no existe) La derecha busca siempre acaparar en unas pocas manos y la izquierda repartir (cada vez parece más claro, por tanto, que no existe. Bueno, hay excepciones), y yo valoro enormemente la solidaridad.


24.- Tu héroe o heroína de ficción es sin duda... El lobo feroz (es que tengo vocación de mártir, y a éste lo jodieron de lo lindo al final del cuento).


25.- Te encanta perder el tiempo, cuando lo tienes, en... Nunca considero que hacer algo que me gusta sea perder el tiempo.


26.- Creer o no creer, he ahí la cuestión... Aún creo en el ser humano (lo cual no deja de tener su mérito).


27.- Tu frase favorita... la más, la más: "Cogito, ergo sum", que, como todo el mundo sabe, significa “Le cogí lo suyo” (Ella y yo disfrutamos de lo lindo, jajajajaja)

Estiaje

Por aliviarte tú sed
Llené mis manos con agua,
Tú te negaste a beber
Y se colmaron de lágrimas.

Ya no podrán endulzar
Otras bocas, otros labios,
Que en sus manijas de sal
Crece un yermo desolado.

Y en el celeste sin lluvia,
Que mis veneros amputa,
Sed, desprecio, sal y arena
Al olvido me condenan.

domingo, 24 de junio de 2007

Invierno

Sobre el sueño de una noche de estío

Que perdió su almohada en la ventisca

Parida en las fauces de enero, mística

Se abalanza una maraña de frío,


Y el enjambre de abejas que a las flores

Fecundaban en su cópula alada

Se escarcha en cenizas de hielo. Nada

Ha quedado de los verdes rumores


De un agosto de grillos y cigarras

Que murió de abandono entre las garras

Del gélido olvido. ¿Cuánta añoranza


Permite aún albergar el corazón

De la alondra? ¿Volará sin razón

Al quebrarse el muñón de la esperanza?


(Ya en la vigilia son

Los sueños, continuo encabalgamiento

De espanto y de lamento tras lamento.)

sábado, 23 de junio de 2007

Condenación, piedad, condenación!

Ésta es una de esas noches en las que necesito creer, a pesar de ser pocas, con todas mis fuerzas, con las uñas, con las fauces, con los dientes, con todas mis ansias, que son como arena infinita. Una de esas noches en las que la confusión que me asola se espesa tanto, que el vértigo me rodea de vacío por fuera y por dentro y por todas partes y por ninguna. Y miro al cielo y miro y pregunto angustiado por qué, por qué, por qué, por qué! Pero el cielo, como siempre, como nunca al fin, sigue vacío, vacío, vacío. Ésta es una de esas noches en las que necesito encontrar a alguien o a algo a lo que responsabilizar injustamente del sinsentido, del dolor, de las llagas, de la nausea, esta nausea henchida de desesperanza y desconcierto, esta nausea que me hace desear a la locura como el más despechado de sus amantes para descansar en su dulce otredad enajenada. Pero estoy atado sin remedio a la cordura de un desconsuelo, que es la peor de las demencias. Ésta es una de esas noches; una ya de tantas. Y busco a dios en el que nunca he creído. Para maldecirlo sin descanso, para escupirle mi bilis a su ojo sangriento, para orinar mis coágulos agriados sobre todos sus milagros, para blasfemar y blasfemar y blasfemar a gritos hasta quedar afónico por toda una eternidad infinita, para arrojarlo a los infiernos y verlo arder consumiéndose eternamente mientras vomito mi último aliento sobre sus asquerosas cenizas. Pero dios, tan ubicuo, para mí, como siempre, sigue ausente.

viernes, 22 de junio de 2007

Despecho

Qué os podría decir
Mis queridos amigos
Para al fin convenceos
De que es mi sufrimiento
De pura pacotilla;

Jugar con las palabras,
Siempre en clara ventaja,
Por ganar un suspiro
O si acaso una lágrima
-el mayor galardón
al que aspira el poeta-.

No!,
------ no me refiero
A esos altos poetas
De premio y de certamen
Que forman con palabras
Hermosas melodías
Como excelsos castillos
De naipes en el aire
Por ganarse unos cuartos
Con sus almas vacías.

No. Me estoy refiriendo
Al poeta que, impúdico,
El corazón herido,
A la vista de todos,
Arroja contra el suelo.
Y se orina y escupe,
Y se orina y escupe,
Y escupe escupe escupe
Sobre su arritmia roja
Para gritar al viento
Su dolor despechado.

Llorad,
------------- sí, llorad!
Con mis puercas mentiras,
Pero hacedlo con lágrimas
De helado cocodrilo,
Que el infierno me abrasa
Al compás de mis versos
Y estaría de más
Más leña echarle al fuego.

Y después, olvidad!
Que el dolor de un poeta
Nunca gana concursos
Ni merece la pena.

Qué os podría decir,
Amigos, muy queridos
Y confusos amigos,
De este triste y equívoco
Sempiterno aprendiz
De mediocre poeta
Que jamás ha sufrido.

Que os podría decir,
Amigos, mis amigos,
Para al fin convenceos
De todo lo que yo,
Despechado poeta,
No logro convencerme
Por más
------------- que lo intente.

Adelina y los poemas


“Solo el necio confunde valor y precio”
Antonio Machado


Tras más de quince años haciendo casi a diario el trayecto de ida y vuelta entre Huelva y Sevilla, cada día que pasa me resultan más gratificantes las noches esporádicas en las que, habitualmente por motivos de trabajo, me quedo a dormir en la ciudad de la Giralda, y logro así escapar al infierno de la A-49. Y es que, estando ocupado hasta tarde, no me merece la pena volver a Huelva tan sólo para dormir y tener que levantarme de nuevo a las seis de la mañana para hacer otra vez el camino de ida.

Pero lograr evadir la dura mordida del asfalto no es el único motivo que me lleva a agradecer esas noches sevillanas. También está Triana, desde dónde esta tarde de viernes estoy escribiendo estas letras. Aquí viví durante más de diez años, cuando era más joven, y terminé por enamorarme de sus calles y de sus gentes, y soy de esas personas que, una vez que se enamoran, ya lo suelen estar, de un modo u de otro, para siempre; un defecto como otro cualquiera. Así que, en estas ocasiones, aprovecho para pasear por un barrio tan querido y aspirar su singular aroma. Aunque Triana, desde que se pusiera tan de moda y, tal y como denominan los modernos mercaderes no sin grandes dosis de paradoja, “en valor” está comenzando a dejar de ser mucho de lo que era.

Por otra parte, también tengo la oportunidad de conversar con mi buen amigo Carlos, que, amablemente, me permite pasar la noche en su casa. Unas charlas, siempre amenas, en las que se mezclan las confidencias más inconfesables, la literatura y la música, y una visión compartida del mundo, contemplado desde sus esquinas más a la izquierda, así como desde la experiencia de habernos dedicado durante muchos años al campo profesional de la geografía.

Carlos es un adicto casi patológico a esas librerías viejas, que hoy agonizan lentamente, repletas de polvo y libros vetustos y usados, dispuestos sin orden ni concierto sobre apolillados estantes de madera. Allí, entre un polvo de décadas, Carlos rebusca y rebusca hasta encontrar verdaderas joyas de la literatura. Unas joyas que pasan habitualmente desapercibidas hasta terminar ardiendo en la hoguera de las vanidades y de la cada vez mayor mediocridad que, disfrazada con los oropeles del consumo, nos ha terminado metiendo de lleno en una sociedad cuya cultura se va poco a poco hundiendo en las arenas movedizas de lo sucedáneo y la ramplonería. Joyas con sus hojas ocres de un otoño ya sempiterno, pero que atesoran en sus páginas mucha más vida que la que jamás puedan acumular la mayoría de los brotes de plástico y artificio que abundan cada vez con más frecuencia en los actuales jardines de cartón-piedra literarios.

Es a través de estas joyas que Carlos rescata, como yo he gozado del singular privilegio de un nuevo modo de leer y vivir la poesía. Porque un libro de poesía, por muy larga que sea su gestación desde que el poeta copula felizmente con las palabras, hasta que nace en forma de papel impreso, sólo comienza a vivir en el momento en el que se entrega a los ojos de un lector y, mientras más lectores acumule, más rica y fructífera será su existencia.

Últimamente Carlos me ha ido regalando algunas de esas joyas y, entre todas ellas, la que más quilates atesora hasta el momento es un poemario de Juana de Ibarbourou, impreso en Argentina y editado por Espasa-Calpe nada más y nada menos que en 1946. ¡Ahí es nada!, más de 60 años de existencia. Sería imposible encontrar la pista de todos y cada uno de los lectores que le han dado vida, aunque algunos sí han dejado constancia de haberlo acariciado con su mirada, pues es un libro profusamente subrayado con tintas de diferentes colores y épocas, y en cuya primera página figura la siguiente dedicatoria:

“Para Adelina, la primera entre todas. Ramón. 25/6/48.”

Es mera casualidad –y aunque sé que es imposible, ojalá fuese un presagio- pero está a punto de cumplirse el aniversario de aquella fecha en la que quiero imaginar que los poemas de Ibarbourou sirvieron tal vez para que Adelina y Ramón vivieran más tarde una pasión eterna, transmitiendo a sus hijos su amor por la poesía. Porque fue, casi sin duda, Adelina -el tipo de tinta la delata-, la que subrayó innumerables versos a lo largo de todo el poemario. ¿Qué sentimientos -me pregunto- la movieron a hacerlo? Y trato de imaginarlos mientras voy avanzando en la lectura y, a mi vez, añadiendo nuevos subrayados y notas.

¿Por qué subrayó Adelina?: “La soledad se me ciñe / Como una túnica blanda”. O, “Cuando tú quieras silencio / Seré silencio yo misma”. O, “…aquella ardiente alma. // ¡Hay que moldearla en amor, / con un culto emocionado!”. “¡Tambor en mi corazón / en mi pecho resonando!”. “¡Mas me encontraste amarga y en la luz que me inunda, / Todavía no puedo darme entera al milagro!” “Para estar a tono con el matiz de la luz / Me he puesto un vestido color malva.” “Tómame ahora que aun es temprano / Y que llevo dalias nuevas en la mano”. Y así, cientos y cientos de versos, todos ellos relacionados de algún modo con las semillas de un amor presto a ser fructífero, a pesar de algunos pasos atrás, perpetrados tal vez por el desamor y el desengaño, pero sin dejarse –o, al menos, esa es la interpretación que yo he querido hacer- arredrar por las piedras y los baches del camino. Espero, como ya dije, que en cualquier caso, Ramón y Adelina lo consiguiesen por encima del tiempo, las distancias y cualquier otra circunstancia adversa.

Pero, además del de Adelina, a lo largo de poemas y más poemas se puede vislumbrar un subrayado diferente, no ya a pluma, sino con un bolígrafo -signo de que de efectuó en época más reciente- con el que, a veces, se vuelve incluso a subrayar o a enmarcar versos que ya habían sido destacados anteriormente por Adelina.

“Y siento, en la vacuidad / Del cerebro sin sueños, la voluptuosidad / Del placer infinito, dulce y desconocido, / De un minuto de olvido.” Viendo estos versos subrayados por este nuevo lector, y encerrados en un círculo muy, muy marcado, se comienzan a difuminar, para su caso, las buenas esperanzas o vibraciones que tuve para con Adelina y Ramón. Es el subrayado y enmarcado más notable en el libro, que también hago mío con un rotulador rojo, y que denota sin duda una profunda melancolía y desesperanza por algo tal vez ya perdido para siempre.

Y ya apenas puedo albergar duda alguna de tan poco favorable presagio cuando vuelvo a encontrar con el mismo tipo de subrayado: “¡Quién te diera, alma cansada / Y herida por el temor, /Todo un día de silencio / En esta calleja en flor!”.

Y se me derrumba la última esperanza ante un categórico subrayado en los siguientes versos: “¡No pretendas, ahora, que ría¡ / ¡Tú no sabes en qué hondos recuerdos / Estoy abstraída!”

Yo, como ya creo haber dicho, también he ido subrayando los versos que más me han emocionado, por si un día un nuevo lector recrea en su imaginación los posibles sentimientos que me han movido a hacerlo. Pero, entre todos, me quedo con unos que no son de Juana de Ibarbourou, sino, probablemente, del autor del segundo tipo de los subrayados citados, escritos a mano en la última página del libro. Y no lo hago por su mayor o menor calidad, sino por lo hondo que han calado en mis heridas. Dicen así:

“En bajo acento,
tímido y triste, me digo
que el desengaño de ser
tu fiel y persistente amante desolado,
cuanto más se acerca la despedida,
más me agobia,
qué nostalgia más honda me oprime”

¡Mis saludos, poeta! ¡Y toda la suerte del mundo!

Poema de muerte (un poema de Jumah al Dossari)

Tomad mi sangre.
Tomad mi sudario de muerte y
Lo que queda de mi cuerpo.
Tomad fotografías de mi cadáver en la tumba, solo.
Enviádselas al mundo,
A los jueces y
A la gente con conciencia,
Enviadlas a los hombres de principios y mente justa.
Y dejad que carguen con su culpa, ante el mundo,
Por este alma inocente.
Dejad que pese sobre ellos, ante sus hijos y ante la historia,
Este alma inocente destruida,
Este alma que ha sufrido a manos de los "protectores de la paz".


Jumah al Dossari: Arrestado en Pakistán, está en una celda de aislamiento en Guantanamo desde 2003.

Para ampliar información, aparecida en "El País", pinchar aquí.

Como dios

Hay personas que parecen tener el don de la ubicuidad o, al menos, la capacidad para estar en varios lugares diferentes al mismo tiempo. Hasta que un día descubrimos que en realidad no estuvieron en ninguno. Y entonces, dejamos de creer en ellas.

jueves, 21 de junio de 2007

Elucubración precoz

Esta noche en la galerna

Y a merced del desconsuelo

He naufragado en mis sábanas.


Por no ahogarme en la pena

De tu ausencia en mi recuerdo

Me he metido en ti con ansias.


Mas te he sentido Quimera

Derramándome al momento

¡Qué triste orgasmo de lágrimas!

Alas

(Demasiado ruido)

Del rescoldo de un incendio
-Cielo abatido en mis botas-
Llevo las alas ardiendo,
Alas que gritan alzadas
Desde el latido hasta el cieno.
Alas hielo polvo sombra
Llaga celaje sarmiento.
Alas de un humo sin lumbre
Estrechándose en el viento.
Alas diente baba boca
Labio nausea daga espejo
(Con la lengua mutilada
Mordiendo el tímpano ciego
Se hacen cellisca mis alas
¡Cuán estruendoso silencio!)

miércoles, 20 de junio de 2007

Como el brillo fugaz de las luciérnagas

Cómo echo en falta mirarte. Sentir
De nuevo en la pupila la calor
De los murmullos de tu risa fresca,
Y lamer con las puntas de los ojos
Muy suavemente tu dulce ternura;

Verte llegando mañana a mañana,
Sobre el ala de tus huellas, con gozo,
Y entonando tu tan particular
“Qué pasa aquí”, melodía en mi oído
Sonando como el Himno a la Alegría
De Beethoven, cántico de esperanza.

Cómo echo en falta la luz de tus labios,
Esa luz que, como faro a lo lejos,
Me mostraba, entre los bajos de arena,
Los cursos a tu inaccesible playa.

Mas, siempre en mis miradas, el amor
-Ese amor que me arrastraba hasta ti
Cada alborada, venero emergiendo
Como espesa maraña a borbotones-,

Fue anegando de cieno los caminos
Y cerrando por siempre los paréntesis,
Que, entre ambos, le abrimos a la noche,
Como el brillo fugaz de las luciérnagas.

Cómo echo en falta pensar que otra vez
Con el alba, habré de poder mirarte;
Qué esta mirada de amor me ha negado,
De por vida, el volver a contemplarte.

Jaque

tras la torre de marfil
cartón-piedra a duras penas
alzándose en el barro
gimen las ruinas de espanto

martes, 19 de junio de 2007

Y ahora tengo miedo

Y ahora tengo miedo de lo que tanto tiempo, sin esperanza, estuve esperando; que era poco más que nada. Y estoy cansado, muy cansado, cada vez más cansado. Y, por más que lo intento, apenas alcanzo a dormir a ratos. Y hay momentos en los que, fugazmente, la pus de mis llagas parece desvanecerse. Y entonces me siento vacío. Y es peor, mucho peor, que el dolor que, durante tanto tiempo, inundándolo todo, me ha venido acompañando.

Poema mudo

Esta tarde,

Arrastrado en el asfalto,

He imaginado un poema.

Pero al tratar de escribirlo

Ya no sé como expresarlo.

Desconozco su final

O si tuvo algún principio,

Así que, mejor,

------------------------ me callo.


(Como si nunca jamás


En


---- mi


------ vida


-------- hubiese


-------- estado).

Retrospectivo existente (un poema de Miguel Labordeta)

Me registro los bolsillos desiertos
para saber dónde fueron aquellos sueños.
Invado las estancias vacías
para recoger mis palabras tan lejanamente idas.
Saqueo aparadores antiguos,
viejos zapatos, amarillentas fotografías tiernas,
estilográficas desusadas y textos desgajados del Bachillerato,
pero nadie me dice quién fui yo.

Aquellas canciones que tanto amaba
no me explican dónde fueron mis minutos,
y aunque torturo los espejos
con peinados de quince años,
con miradas podridas de cinco años
o quizá de muerto,
nadie,
nadie me dice dónde estuvo mi voz
ni de qué sirvió mi fuerte sombra mía
esculpida en presurosos desayunos,
en jolgorios de aulas y pelotas de trapo,
mientras los otoños sedimentaban
de pálidas sangres
las bodegas del Ebro.

¿En qué escondidos armarios
guardan los subterráneos ángeles
nuestros restos de nieve nocturna atormentada?
¿Por qué vertientes terribles se despeñan
los corazones de los viejos relojes parados?
¿Dónde encontraremos todo aquello
que éramos en las tardes de los sábados,
cuando el violento secreto de la Vida
era tan sólo
una dulce campana enamorada?
Pues yo registro los bolsillos desiertos
y no encuentro ni un solo minuto mío,
ni una sola mirada en los espejos
que me diga quién fui yo.

lunes, 18 de junio de 2007

(Des)esperando

Después de pasado un tiempo,

Una vez más, la llamó

Proponiéndole un encuentro

A una medida distancia,

Y ella, de nuevo, esperó

Sin la menor esperanza.

Por la blanda arena

Puestas las gafas de sombra,
Hoy he bajado a la playa
Con el corazón descalzo.
Y es que, en los últimos tiempos,
Tiranizan mis latidos,
Los zapatos, y el solar
Resplandor, tan anegado
De oscuros, brilla a desánimo
-Este sol no es el de antaño-.
Sonaba la mar, desierta,
Hastiada, seca, sin hálito;
Como si algún desalmado,
Condenándola al averno,
Le hubiese, de madrugada,
Quitado el tapón de algas.
Postrado sobre la arena,
¡Ay!, me he puesto a contemplar
El rumor tan desolado
De su silencio que, a gritos,
Reclamaba, loco, el eco
De una sirena. Silencio.
Silencio y sólo silencio
Como la única respuesta,
En el horizonte exangüe,
De un ocaso macilento.
Hoy en la playa mis lágrimas
Se han vertido sobre el mar
-Llanto seco sobre el yermo-,
Y me he vuelto para casa
Recordándote, Alfonsina,
Allá en La Perla, descalza,
Con tus latidos desiertos.

domingo, 17 de junio de 2007

La muralla: parar la pobreza (tratando de explicarme a Nicolás Guillén)



“¡Abre la muralla!” “¡Cierra la muralla!” nos transmitió Nicolás Guillén a modo de canto de esperanza. Pero ¿qué nos quiso decir el poeta con su “muralla”? Pues habrá mil interpretaciones, tantas quizá como lectores u oyentes de su poema, musicado de manera genial por Quilapayún. Tantas como muros vergonzosos: el de Berlín, el de Palestina, los de Ceuta y Melilla, el de nuestras malas o buenas conciencias.

Abrir y cerrar murallas, ¿a quién?, ¿cómo establecer –en justicia- los criterios para permitir o negar a alguien el derecho a saltarlas, a derribarlas aunque sea a sangrientas dentelladas? Es probable que algunos, al menos, de los que abominaban del muro símbolo del telón de acero, se muestren hoy complacidos ante la espectacular defensa de los valores occidentales, de la propiedad occidental, de los privilegios occidentales y de la insolidaridad occidental que gloriosamente es perpetrada en las fronteras de nuestras “plazas fuertes” en Marruecos por efectivos militares imbuidos de una elevada sensibilidad humanitaria.

También es probable que nos tranquilice –por salvaguardar nuestro estatus- el enviar si es necesario a lo más selecto de los tres ejércitos a detener la avalancha -excepción hecha de la vergonzante cuota del moderno esclavismo, de la explotación mercantilista de lo que sólo es considerado como mano de obra barata- de los desheredados, de los nadie, esos nadie que lamenta Galeano por costar “menos que la bala que los mata” –pero ¡vale tanto una vida!-. Y que al mismo tiempo hagamos la vista gorda o que incluso nos mostremos complacidos –ya se sabe del poder del dinero- ante la irrupción de jeques y magnates del petróleo, enriquecidos con el sudor y la sangre ajenas, o traficantes de mujeres y armas que han criado su prominente panza a base de especular con seres humanos, con la misma vida.

No, Nicolás Guillén no debía estar hablando de alzar muros para abrir y cerrar puertas al antojo del portero. Porque los muros, por muy buena que pudiera ser la intención de quién los levanta, siempre crean diferentes, siempre ocasionan desigualdades, terribles agravios, la muerte de la ética, la opresión, la guerra, complejos de superioridad colectiva con una probabilidad casi infinita de desembocar en “teologías” sectarias postradas al tótem del superhombre, de una raza suprema con “derecho” adquirido para ejecutar arbitrariamente su auto atribuida dominancia.
“Para hacer esta muralla, / tráiganme todas las manos / los negros, sus manos negras / los blancos, sus blancas manos” ¿Para qué juntar todas, todas las manos con el objetivo de levantar barreras si, al juntarlas todas, no quedará ya nadie a quien abrirlas o cerrarlas? No, definitivamente Guillén no nos estaba hablando de tristes muros construidos con piedras y alambres y salpicados de sangre. El poeta hablaba en realidad de fraguar puentes, de tendernos las manos para estar todos unidos por el objetivo común de la paz y la tolerancia, del amor y la alegría.

Porque para parar la pobreza, el hambre, la enfermedad, la miseria no habrá nunca muralla lo bastante espesa ni ejército suficientemente pertrechado. La pobreza sólo puede ser parada uniendo todas las manos por la esperanza, por la solidaridad, por la justicia.

Y eso no sólo se consigue aboliendo las barreras. Esto, por si sólo, únicamente contribuiría a agravar o, con mucha suerte, a matizar levemente el problema, a lavar de forma deficiente nuestras conciencias, en demasiados casos tan sucias ¡que ni con agua hirviendo!, aunque tal vez ya ni nos avergüencen sus máculas. Hay que ir más allá, creando las condiciones –y esto, con voluntad y asumiendo una renuncia a mucho de lo superfluo que nos esclaviza a los ciudadanos del mundo que llamamos “desarrollado”, es posible- para que cualquier ser humano pueda desarrollarse plenamente como persona, independientemente del lugar o de la clase social en los que haya nacido, para abolir de hecho, de forma real –y no como el falaz narcotizado ensueño en el que nos tienen sumidos la basura y el falseamiento mediático y el burocratismo político de salón- las mismas clases sociales.

No se trata ya de invitar a los desheredados a arrodillarse para recoger las migajas de nuestra mesa, no de invitarlos, en un día anual de puertas abiertas –por ejemplo el 12 de octubre para hacerlo coincidir con la trasnochada celebración de un “Día de la Raza” que conmemora la dominación/sumisión y el colonialismo-, a recoger una constreñida cuota de la fauna fluvial de nuestro coto de pesca, no de venderles una caña de pescar obsoleta a precio de tecnología de última generación. Se trata de enseñarlos o, al menos, permitirles aprender a pescar por sus propios medios, para después compartir con mesura la riqueza de la mar.

Pero hoy, en nuestro privilegio hurtado a otros, no estamos dispuestos a abrir la muralla y, mucho menos, a derribarla. Acaparamos peces pudriéndose en nuestras despensas bajo un grueso candado. Y, en cambio, sí estamos dispuestos a gastar las balas que sean necesarias para arrebatar a “los nadie” lo único que les hemos dejado: sus tristes y miserables vidas, que para nosotros no valen ni el precio de la bala que los masacra. “Tristes guerras / si no es amor la empresa / Tristes armas / si no son las palabras / Tristes hombres / si no mueren de amores…” nos dejó dicho Miguel Hernández, otra víctima de las “murallas”. Parece que hemos aprendido muy poco de la historia, de otros muros, y que estamos dispuestos a continuar sacrificando, prostituyendo hasta el amor y la palabra a cambio de nuestra miseria moral enmascarada por oropeles oxidados.

Pero ningún muro podrá parar eternamente la avalancha de la pobreza que, si insistimos en nuestros errores interesados de usureros y mercaderes, acabará cayendo sobre nuestras cabezas y desparramándose sobre “nuestro” mundo. Apocalíptico realmente.

Así que seamos sensatos, ciudadanos y poderes establecidos o arrogados, y empeñémonos en unir todas las manos como si en ello nos fuera la vida –que quizá así sea- para comenzar a construir esa idea de muralla que nos legó Nicolás Guillén, en realidad un puente extendido sobre la faz de la Tierra hasta el último confín, “desde la playa hasta el monte, desde el monte hasta la playa, bien, allá sobre el horizonte…”


Octubre de 2005
Fotografía de la ilustración: "Puente sobre el Río Negro", de Mario Carvajal.

Junio otoñal

Esta mañana de junio,

Pintado en grises el cielo,

Y con gotas como puños

Golpeando en las ventanas

Que se cerraron a un sueño,

Me trae aromas de octubre

Avivando los recuerdos.


Esta mañana de junio,

Tan atípica en el sur

Como la lluvia salada

Que refleja en mi mirada

Sus cenizas como cieno,

Se ha instalado para siempre

En mi rosa de los vientos.

sábado, 16 de junio de 2007

No son molinos, mi señor. Es la muerte.

Ah si yo fuese Quijote

Para, pasando por loco,

Hacerme un alma de piedra.


Mas tan sólo soy Romeo

Condenado a la cordura

De vivir sin su Julieta;


Preso en molinos de tiempo

Que con aspas afiladas

Hieren mi pecho de ausencia.


Ah mi leal escudero

Vierte en mi cáliz veneno

Que en vida muero sin ella.