lunes, 16 de marzo de 2009

Fisura


Todo es posible.
Salvo, quizá, que tú
Quieras creerlo.

sábado, 14 de marzo de 2009

Biopsia


No es la distancia.
Es esa puñetera cercanía,
Oscilando invisible entre la arena,
La que irrumpe y perturba cada célula:
Cáncer del alma.

Última hora


(Saturno puteado por sus hijos)

Han dicho esta mañana en las noticias
Que andan las cucarachas suicidándose.
Al parecer un tal Gregorio Samsa
Ha revelado al Hombre los secretos
De su capacidad de subsistencia.
Las susodichas, aun descerebradas,
Han comprendido que la mutación
Que tal indiscreción ya ha desatado
Terminará gestando una alimaña
Muy superior en su voracidad
A la del hijo puta de Saturno.


Ilustración: “Saturno”, de Rubens.

jueves, 12 de marzo de 2009

La siembra


Hacía un calor de justicia. Sí, el bochorno era tan inclemente y brutal como el postrer aullido del pastor de una secta apocalíptica. Con la espalda recostada sobre la exigua sombra que, con el sol en su cenit, ofrecía la tapia recién encalada del huerto, Luis sudaba con la profusión con que lo haría en su última madrugada un condenado a los pies del patíbulo. Y recordaba. Recordaba aquellos tiempos, ya tan lejanos, en los que Lucía siempre estaba a su lado cuando necesitaba que lo aliviase en sus labios de la fiebre fría y el temblor de la cellisca. Junto a una enorme roca caliza que se ceñía al camino como un abrazo, un gélido lagarto, inmóvil como una estatua de sal, parecía observarlo entre la caución y la indiferencia. Su piel, de un color crudo casi transparente, y ornada por lunares tan negros como la obsidiana, brillaba hiriente aun sin que se viese en ella reflejada la luz del sol. Luis se entretuvo haciendo cálculos sobre su longitud: unos 60 centímetros, estimó, desde la cabeza a la cola.

–Qué vida más arrastrada, compañero –masculló Luis dirigiéndose al reptil mientras, escaldándose brazos y manos, se encaramaba jadeante a lo alto de la tapia tras la que asomaban las ramas desnudas de una gran higuera seca.

El lagarto no dijo nada. Se limitó a seguirlo indolente con la mirada, ahora ya inyectada en sangre, en tanto el aire se iba impregnando de presagios de mandrágora.

Erato degollada



Mi estómago y mis dedos, tanto tiempo
Tratando de arrancar las ataduras
Que en torno al labio, férreas, se erigieron,
Ahora están secos:

-------------------------- Me comí las uñas
– Hasta hacer de mis alas dos muñones
Henchidos de gangrena y excrementos-
Y el calcio de sus restos afilados
Selló todas mis vísceras dejando
Las náuseas atrapadas en la sima
Más vacua y abisal del universo;

¡Qué huero el infinito en mis adentros!

La sangre que vertiera ayer mudando
En tercas partituras el silencio
Hoy sólo es un emplasto coagulado
Qué pútrido emborrona los arpegios,
En tanto que la bilis contenida
Sepulta los cordajes de la lira
Que hicieron de la sal ternura y canto.


Ilustración: “Erato, Muse of Poetry” (1870),
de Sir Edward John Poynter.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Pretexto



Marco el 57 27
E, inquieto, ruego a la bibliotecaria
Que trate de encontrarme con premura
Un libro con el cual no más pretendo
Contar con un pretexto terminante
Para acercarme a verla.

(Ella
------- no se sorprende;

Conoce bien
-----------------
mis intenciones).

Me pide, al otro lado de la línea,
Que espere sin colgar unos segundos,
En tanto ella formula aquellos datos
Precisos para ver si en unos días
Pudiese resolver mis peticiones.

– “Mala suerte” –me dice-;
“Me temo que este libro esté hace tiempo
Ya descatalogado.”

(Permanezco en silencio, desolado,
Trabado de impotencia y desconsuelo,
Sumido en una atroz desesperanza…
¡Ansiaba tanto y tanto declamar
Vehemente en su presencia esos poemas!)

De súbito me saca del mutismo
Diciendo que recuerda haber leído
El libro de mis ansias ya hace tiempo…

– “Seguro que lo tengo en un estante,

Pudriéndose entre el polvo por mi casa;
Si hoy logro dar con él ya te lo traigo…”

(Me siento tan feliz por un instante…
Mas qué obstinada, a veces, la tristeza.)

“…Y pido que mañana, sin demora,
Lo acerque a tu despacho un ordenanza.”

martes, 10 de marzo de 2009

Gas ciudad


Consciente de que el curso de sus huellas
En vez de a estela y hálito de vida
Más bien se asemejaba al rastro acerbo
Que, efímero y sin rumbo, va el gusano
Dejando tras de sí filtrando estiércol;

Sacando, exhausto, fuerzas de flaqueza,
Trató de desprenderse con premura
Del lastre de cualquier naturaleza
Que atase su periplo al muladar
Inhóspito en que, inane, se arrastraba.

Dejó en primer lugar vino y tabaco,
Después la marihuana y la cerveza,
Café, canela, sal, grasas, picante,
Las noches de burdel, viernes y sábados,
Y el fútbol por la tele los domingos.

Y al fin viendo que nada le arrancaba
El tóxico que, helado y desbocado,
Corría con los recuerdos por sus venas,
Vertió su amarga arritmia entre el olvido
Que, cálido, endulzaba la bañera.

lunes, 9 de marzo de 2009

Puente de plata

Rendido al firmamento sin estrellas
Que, oscuro, gobernaba sus adentros,
Cambió la herida atroz del fuego amigo
Por una retirada a tumba abierta,
Buscándose en la luz tras los confines
Del lúgubre universo contenido
Debajo de su piel violácea y ciega.

Nadie trató de detener sus pasos,
Y, tras cruzar el puente de la sangre,
Se comenzó a sentir seguro y libre.

Pero al llegar al límite que marca,
Fatal, lo alfa y omega de lo cierto,
En vez de hallar las luces de un abismo
De bruces zozobró en un mar de espejos.

domingo, 8 de marzo de 2009

Ilusión panóptica


Nunca se había creído tan a salvo y tan viva como en la ciudad sin ocasos. La profusa y permanente vigilancia a la que en todo momento se hallaban sometidas sus calles sin sombras, sus casas de cristal y la aparente pulcritud de sus cloacas transparentes, hacía que se sintiese segura. Y al fin bajó la guardia. Y la bajó de tal modo que, cuando comprendió que la vida, para serlo, necesitaba también del misterio y de la noche, ya era demasiado tarde.

viernes, 6 de marzo de 2009

De casa en casa preguntando


“Sin tu mirada no voy a saber vivir. También esto es seguro.”
Alejandra Pizarnik


Se esparce, desluciendo el firmamento,
Un sórdido albañal en blanco y negro;
Porque ni es cielo ni es azul:
------------------------------------- ¡Gran lástima!,
El asfalto ha cegado a la simiente.
Qué ruda es la certeza cuando todo está oscuro,
Qué estática, qué gélida y callada
–Golpe tras golpe tras golpe tras golpe,
Mazazos colosales-
Alzando al aire un polvo amarillento
Más tóxico que un sol en las pupilas.
Qué escándalo la sangre, qué derroche,
Más módico y discreto obstruye el frío.
Prometo no llorar; perdí los ojos.
Mas todavía conservo uñas y dientes
Y añicos de piel libres de pecado:
Ya no importan la escarcha en la ventana
Ni el más sucio y mezquino albor celeste
Fingiendo indescifrables sus misterios.
Y qué si me equivoco
----------------------------- y es verdad,
Y qué; si ya estoy ciego y he cumplido
Paso a paso el periplo de la carne
Con alma, pie y nudillos en los huesos,
Y yazgo desterrado en las afueras,
Las manos, cuencas, huellas y bolsillos
Plagados de salitre y de vacío.

Devoción (de Alejandra Pizarnik)


Debajo de un árbol, frente a la casa, veíase una mesa y sentados a ella, la muerte y la niña tomaban el té. Una muñeca estaba sentada entre ellas, indeciblemente hermosa, y la muerte y la niña la miraban más que al crepúsculo, a la vez que hablaban por encima de ella.

–Toma un poco de vino –dijo la muerte.

La niña dirigió una mirada a su alrededor, sin ver, sobre la mesa, otra cosa que té.

–No veo que haya vino –dijo.

–Es que no hay –contestó la muerte.

–¿Y por qué me dijo usted que había? –dijo.

–Nunca dije que hubiera sino que tomes –dijo la muerte.

–Pues entonces ha cometido usted una incorrección al ofrecérmelo –respondió la niña muy enojada.

–Soy huérfana. Nadie se ocupó de darme una educación esmerada –se disculpó la muerte.

La muñeca abrió los ojos.

jueves, 5 de marzo de 2009

Carta lacrada


Se agosta la cuartilla, inane y virgen,
Su blanco, amarillento por la espera,
Tiñéndose del negro de un silencio
Que ulula, inmarcesible, deshojando
Los lazos de la tinta y de la sangre.
Igual que una Babel abandonada
Sepultan sus vestigios las cenizas
Y el polvo de lo nunca mencionado
Por miedo a hacer espada del lenguaje.

Mas ¿quién descifra el verbo cercenado?,
La carta nunca escrita ¿quién la entiende?,
¿No es fiera guillotina lo callado?,
¿Acaso no es, de espinos y estiletes,

Origen la palabra hecha jirones?

No he de escribir los versos más tristes esta noche;
Se torna con el tiempo, el firmamento,
Más negro igual que el canto degollado,
Y el verso más amargo siempre queda
Hiriendo como alfanje en la garganta.

(Los lúgubres espectros que perdieron
Su fatua identidad contra el destiempo
Cantando sin destino ni remite,

Están faltos de lengua y calendario).

Sin firma que poner a pie de página
Ni fecha que datar, sin tiempo en ciernes,
Se agosta la cuartilla entre tinieblas,
Sumando su silencio al del olvido.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Presentación de "El casco histórico de la Sevilla del siglo XXI"


Mañana, jueves 5 de marzo, a las 7 y media de la tarde, será presentado en el Ateneo de Sevilla el libro

EL CASCO HISTÓRICO DE LA SEVILLA DEL SIGLO VEINTIUNO.
Estilos clásicos y modas nuevas


del que es autor
CARLOS PAREJO DELGADO


Hará la presentación la ateneísta
Mª PEPA UCEDA VALIENTE


Jueves, 5 de marzo de 2009, 19′30 horas.
Ateneo de Sevilla, c/ Orfila, 7.

martes, 3 de marzo de 2009

Óleo


Me siento tan deshecho, ¡tan exhausto!;
La sangre derramada no arrastró
Detrás de sí la pócima celeste,
Fermento de voraz superchería
Transida de sudarios estelares.
Y así en la vena exangüe se sulfura
Un árido cuchillo de aquelarres
Abriendo con su danza heridas ácidas
Que enclaustran a los códigos del tacto.
La copa está vacía y, sin embargo,
La sed sigue arrastrándose hacia el vino
De una cosecha estéril de conjuros
Sin pórtico al pecado.
--------------------------- Desolado,
Me enredo en los espinos y ascuas negras
Del bosque donde penan los suicidas,
En tanto que, en la altura, languidece
La rosa del aliento exonerado,
Sus pétalos cautivos del puñal
Que blande en su inclemencia la cellisca.
Silente ante el caldero de las ansias,
Bullir oigo un seráfico brebaje,
Esencia destilada de alas de ángel,
La piel de un sapo huraño, un matamoscas
Y el vuelo de un murciélago amorrado.
Cumplido el exorcismo de la carne,
No cabe un verso orgiástico en el canto
Ni ungüento alucinógeno en los labios
Que no hallarán deleite ya en la fiebre
Del junco que, en su sal estremecido,
Ansiaba en loco espasmo calcinarse:
Triunfó la castración de hoscas liturgias
Sobre aras fraudulentas oficiadas.
Se escucha un crepitar de inquisiciones
Alzando entre mordazas el patíbulo
Donde ha de perecer mudo el poema,
Y el cántico de un gallo degollado
Mancilla, inmaculado de silencios,
Las gotas de rocío que se pudren,
Por no haber pernoctado en la glicina,
Sin ser luz de arco iris con la aurora.
Habré pues de exhumar los huesos gélidos
Del páramo en que moran los traidores,
Y a golpes reducirlos a cenizas
Para, una vez mezcladas con la sangre
Que póstuma rezuma con mis nauseas,
Grabar con sus pigmentos mortecinos
Mi aullido sobre el lienzo del infierno.


Ilustración: "Dante y Beatriz", de Henry Holiday.

lunes, 2 de marzo de 2009

Más allá de los sueños


Requiero al resplandor del firmamento
Respuestas a preguntas tan distantes
Que nunca se podrán ver formuladas;
La inmundicia estelar contamina en la noche
La huella del ocaso en las arenas,
E, inquieto, el mar se agita ante lo inmenso:

Titánica es la nada que cabe en una sombra,
Y guarida, lo eterno,
De quimeras.

Buscamos por auroras boreales
La estela permanente que, en su tránsito,
Nos salve de los límites que impone
La vasta eternidad sin providencia;

Mas la termodinámica es un dogma

Tenaz e intolerante

Que aplasta los anhelos celestiales
Seráficos y plúmbeos para el vuelo.

Hubo hace tiempo un tiempo
De peregrinaciones,
Una deidad de aliento,
Carne y hueso
Danzando desvestida entre la niebla.
Luego,
Tras imponer su letra el vértigo,
Una ceguera
De años luz y polvo
Se asió de la garganta del aullido
Que alzó la soledad y en ella nace.

Y ahora que es tarde, dónde se halla ese hálito
Que transmuda los sueños en vigilia,
Del yermo hace que emerjan
Ascua y sangre,
Y derrota al abismo en sus mareas:
Jamás ha habido un ángel en los cielos
Blandiendo espada en llamas o ala blanca;
Reducto es el infierno de lo frío.

Más allá del cuchillo de la niebla
Nunca hubo nada. Sólo queda, pues,
Apretar bien los dientes frente al hielo
Y al fondo de uno mismo dirigirse
Buscando el fatuo albor que, desolados,
Nos quema sin calor dentro de un sueño
Que efímero y brutal se desvanece.

viernes, 27 de febrero de 2009

Miedo (por Concha Caballero)


El verdadero miedo no se alimenta de apariciones fantasmales, de muertos vivientes ni de animales mitológicos, sino de la conversión de nuestra vida cotidiana en una pesadilla. El miedo echa raíces en ese preciso instante en el que nuestra vida cotidiana se vuelve extraña y hostil; en el que el amigo se torna enemigo; los vecinos en potenciales cómplices del crimen o el amante se convierte en asesino. El miedo toma consistencia cuando se produce un crimen que pudiera alcanzarnos. No germina en el asesinato excepcional o cuando las víctimas tienen otro color de piel, otra cultura, o pertenecen a ‘un grupo de riesgo’ como las mujeres maltratadas. Esos asesinatos producen rechazo, condena, pero no miedo. El miedo engendra cuando se trata de una familia normal, una chica adolescente y enamorada, una pandilla de jóvenes que vemos todos los días sentados en los bancos de nuestras plazas. El verdadero terror se produce cuando lo que creemos que solo puede ocurrirle a otros, se produce en vidas similares a las nuestras. Pensamos, entonces, que el desorden introducido por el crimen, se resuelve con más orden, con mayor dureza, con mayor control. Aplicamos esta máxima sean cuales sean las circunstancias y los orígenes del hecho, sin razonar en exceso.

Se formula un juicio paralelo, no al asesino y a sus cómplices, sino a toda la juventud, al sistema educativo y al propio estado de derecho. Se comenta que todo esto pasa por una educación demasiado benevolente, por la falta de valores de los jóvenes, por un modelo judicial y penal que no escucha a las víctimas sino a los delincuentes. Es tal la fuerza de este discurso que ha llegado a impregnar las decisiones judiciales, sustrayendo el caso a su tipificación como violencia de género (curiosa muestra inconsciente de que se concede a los crímenes de esta naturaleza un valor inferior, aunque sus penas puedan ser mayores), al poder político que deseoso de fotografiarse con el dolor acepta o promueve el debate autoritario de la cadena perpetua, y de forma singular a los medios de comunicación que, en distinto grado, han colaborado en convertir este asesinato en un espectáculo degradante. Pero, a pesar de la marea social que reclama orden y mano dura, no encuentro ni una sola razón que avale que este crimen se produce por la permisividad del sistema educativo, la sobreprotección de los adolescentes, la falta de autoridad o el uso de las redes sociales en internet. No encuentro ni un signo de facilidad en la vida del autor del crimen, un joven abandonado por el padre, maltratado por su madre, huérfano y casi sin familia, solitario y sediento de afectos. Es más bien una historia de abandono, de desprotección y de falta de redes sociales.

Veo mundos terribles en los que una madre paralítica azota a un adolescente; en el que una niña de apenas 14 años convive maritalmente con un mayor de edad con la aprobación de su madre, sin que se alerten los servicios sociales públicos, o medios de comunicación que compran a precio de saldo la intimidad de menores que debieran estar protegidos. Nada de esto justifica el crimen, ni nos hace simpatizar con el asesino, pero explica mejor los hechos. No ha sido la benevolencia del sistema educativo, ni el excesivo cuidado de la familia lo que ha generado estos monstruos, sino la exclusión social, la lucha sin cuartel por la vida, las realidades ocultas que no queremos ver tras el igualitarismo aparente del consumo. Por eso, en vez de salir a la calle para reclamar la cadena perpetua habría que hacerlo para demandar atención a la exclusión social aunque sólo sea porque, de no hacerlo así, salpicará nuestras tranquilas vidas irremediablemente.

Concha Caballero es profesora de Literatura.

jueves, 26 de febrero de 2009

Viajeros del destiempo


Atónitos y ocultos por las sombras
Que anegan al ocaso los andenes
Se sientan a esperar igual que etéreos
Espectros sin reflejo ni equipaje:
Sin brújula, horizonte ni billete
De vuelta en sus entrañas perforadas
Carece de sentido hacer maletas
Por mucho que les pese su ardua carga.
Ahorrando siempre tiempo, se hizo tarde;
Sus hálitos se expanden como bruma
Borrando cualquier huella hacia el futuro
Y, turbios, saturando en sal y herrumbre
Las horas sin tictac de los relojes.
Jamás cruzan con nadie sus miradas
Por miedo a ensombrecer a otros el alma
Ni alcanzan a enfrentarse a los silencios
Que inicuos les oprimen la garganta
–Se niegan a infectar de insomne estrépito
Los tímpanos y el cántico del alba.
A veces en la noche pasan trenes
Con plazas disponibles que parece
Que ciertos y anhelantes los reclaman;
Mas tanto engaño antaño de espejismos
Quebró como al cristal sus esperanzas.
Y así sus pies de mármol polvoriento
Castrados de dolor viajan inmóviles
Por vastas catacumbas conformadas
De un vacuo territorio en el destiempo.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Sequía


Quién sabe,
Aún pudiera ser que otra vez lloviese
Al filo de la aurora
De un veintidós de octubre.
Que de nuevo a las ocho menos cuarto
De esa mañana gris tú me ofrecieses
Tu luz y tu paraguas
Hasta estar guarecidos,
Y entonces arreciase
Brutal el aguacero
Para que yo, en lugar
De anclarme a la tormenta,
Tomado de tu brazo me fuese caminando
En pos del arco iris.
Quién sabe…

Y qué...


Y qué hago yo escribiendo estos poemas;
Mi aliento, mis pupilas, mis muñones

Muertos

------------- Qué hacen cantando.

martes, 24 de febrero de 2009

Fosforescencia


Los ojos aún abiertos de lo extinto
Fulguran con los póstumos destellos
Que exhalan siderales catacumbas.