
tú no me quieres triste
y yo sin tu cariño
no sé que es alegría


“---------------------…La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor”…
Jorge Luis Borges

Francos destellos de sangre violenta
Latiendo de momentos que me irrumpen,
Tan eternos en lo etéreo,
Como el tajante infinito.
Momento tras momento tras momento que relegan
Lo pretérito soñado
Descobijado en la ausencia,
Verso tras verso,
Sobre el papel arrugado
En un par de manos
Vacías,
En la falsa desmemoria de un sudor
Que en el álgida congoja
De mis pesadillas breves
Habita duermevelas sin efugio,
Junto al doliente fracaso
De un amargo café solo
Y un zumo de naranja agriado,
Mudos,
Ciegos,
Desolados,
Tan ciegos y desolados
Como una llaga de hielo.
Todo al módico precio
De un euro con cincuenta.
(Pagaría lo que fuese por poder
Invitarte a un café con leche,
Fría, y con mucho azúcar.
Pero es muy tarde,
Ya lo sabes,
Muy tarde;
No yo,
Tú
Y siempre siempre siempre
Tú
Lo dijiste,
Y aunque no lo quiero
Y aunque duele
Y aunque muero y me muero y me muero
Debo marcharte).


Cómo pueden vivir pelear reírse
mientras vértigo
danza
vuelo fatal y ciego
vamos por los espacios
por esa extraña noche
dando vueltas
cayendo
dibujando las últimas volutas
de una espiral terrible.
Idea Vilariño




A través del espejo, cada mañana, el hombre de los ojos tristes me miraba desde la esquina opuesta de la barra del bar. Sin verme, con la mirada perdida. Al fondo del aparente sosiego de sus ojos verde oscuros se podía intuir una tempestad sin descanso, tal vez la inminencia de un naufragio. Me recordaba, sin saber exactamente a quién, a alguien muy familiar, aunque nunca llegué a conocer a nadie que pareciese albergar en su interior tanta amargura.
“Desde lejos
viene a azotarme el rostro tu silencio.”
Maruja Vieira

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
—oscuro, torpe, malo— el que la habita...

Mi mente, toda emoción sin encanto, se me ha roto en incontables pedazos. Me cuesta hilar ideas, urdir mensajes ya sin destino; me agoto en los arcanos del lenguaje y en el alma infinita de los números. No es que todo ya fuese dicho, es que no hubo nunca nada que gritar o susurrar, si acaso un quejido sin tímpanos. Es el corazón de los sinsentidos –mi corazón negro-. Yo ya no escribo para nadie, ni para mi mismo, me devoro en mis poemas. Me muero, me muero, me estoy muriendo. Puede el ansiado descanso tardar varios siglos o llegar en tan sólo un instante. Tictac. Aún sigo aquí, pero me sigo muriendo. ¡Cómo duele el morir lentamente de una vida desangrada en el pasado! ¡Cómo, con los ojos ciegos, con las manos rotas, con la voz gastada, sin el manto inequívoco de la música o de un suspiro celeste! Oh daga infame, yo te convoco a venir a contemplar el horror de mi agonía, a beber el veneno del instante de mi muerte. Oh Luzbel, llévame en cuerpo y alma a cambio sólo de un dolor distinto, que no puedo más con tanto hielo.


Tienes razón,
Tú no eres más
Que un pedazo caduco de mi vida
Que habría de dejar en el camino
Para alcanzar a salir de la ciénaga
De mis latidos muertos;
Nada importa dejar la voz o un ala
Prendidas con la sangre a los espinos,
No es un precio tan alto
Por seguir adelante,
Por reptar
En este desmembrarse lentamente,
En este dejarse sueños y piel
Entre relojes sin savia y vacíos;
Al cabo la vida no es más que lepra
Una lepra
Sutil y silenciosa
Que nos va descarnando hasta dejar
Desnuda el alma
Frente a las dentelladas amarillas
Del vasto sin mañana.
Tienes razón
Debería arrancarte sin dudarlo
Del libro de las horas nunca escritas,
Queda mucha eternidad por delante
Para el sintiempo,
Para las tinieblas,
Para el veneno de la desmemoria.
Tienes razón,
Debería arrancarte igual que tú
Me has arrancado
Mordiendo a uñas y dientes tus anhelos;
Y ahí sigues,
Gobernando tus huellas.
Tienes razón,
Me lo dice mi sangre a voz en grito,
Al sentir tan crecidas tus raíces
Quebrándome sin tregua en mil pedazos
El corazón.
Tiempo de Recreo, un libro que recoge los textos poéticos o en prosa de un buen número de amigos que se conocieron en el portal literario de El Recreo, ya es una realidad, ya está publicado y disponible en ese mismo portal.El libro que tienes en tus manos no es como los demás, es el libro que pudo no haber sido, es el resultado espontaneo de un sueño, de la ilusión de unos cuantos creadores que se encontraron, a través del espacio virtual, en un lugar llamado “El Recreo”, un titulo preñado de nostalgia que sugiere entretenimiento, ocio, amistad, un rincón para compartir sueños e ilusiones, que alguien, aficionado a la lectura y a las nuevas tecnologías, tuvo la idea de pergeñar un buen día para que fuera punto de encuentro entre lectores y escritores de todo el mundo. Poco a poco, ese lugar inexistente fue llenándose de nombres ficticios que compartían generosamente sus relatos y sus poemas sin otro ánimo que el del puro placer de hilvanar palabras y regalarlas.
“Tiempo de recreo” es la materialización de esa amalgama de bits tras la que se oculta el calor y la voluntad de personas reales que vienen a demostrar que la tecnología no solo no acabará nunca con la familiar calidez del papel impreso sino que ambos pueden caminar de la mano y crear algo tan hermoso como esta obra coral.
a l. r.
las cosas más grandes
- - - - -cuando digo cosas
- - - - digo emociones
- - - - digo personas
- - - - digo tu nombre
- - - - por no decir tú-
mejor
en minúsculas
así las fingimos
- - - - - - - - - - - - abarcables
más próximas
más nuestras
aunque duelan los dedos
aunque se queje el lápiz
aunque gima una estrella
aunque sólo sea un sueño
que nunca
que no es será
- - - - - - - - - - - - (siempre esperaré a pesar
- - - - - - - - - - - - el refulgir insospechado
- - - - - - - - - - - - que rebusco en mi firmamento)
Diciembre de 2005

La paz,
Avis in terris,
Tan rara,
Nunca podrá germinar
De una simiente de olvidos
-Falaz semilla en que brotan
Sólo latidos vacíos-.
Quédate en tu guerra fría
Mientras que yo reivindico
-Muriendo, ardiendo, sangrando-
Recordarte a cada instante
En mi sepulcro, rendido;
Que si mi sino es la guerra
De una esperanza vencida
Que la herida sea caliente
Antes que escarcha sin vida.
(Sabes bien que las heridas
Nunca sanan con el tiempo
Si el afecto es reprimido)
La paz…
Aquí la tienes,
En mis brazos esperando.
(Si tú
Quieres
Cuando quieras)

Cuando, en las aguas que irremediablemente fluyen hacia su estéril desembocadura en el mar de la Entropía, se agota el último vestigio de inútil pensamiento degradándose en sentimiento putrefacto y sin sentido, emerge con aliento de abismo el no-poeta. Y entonces todo es caos, caos que declina hacia el caos, confusión, puro espanto –la emoción más sublime, más genuina, más impura, menos dúctil-. El no-poeta no canta, no tiene lengua, le falta el aire, y, cargados de evanescencia, se encumbran desde sus manos, contradictorios, versos como simas, versos-veleta en la tiniebla que, arrastrados exánimes por las zarpas sin aire de mil vientos, se dirigen hacia el sin-rumbo. Todo es caos. En las entrañas vacías del no-poeta todo sucede por oposición, y cualquier emoción es inmediatamente abismada por su contraria –a modo de implosión-, de manera que todo es nada o nada es, y así hasta el postrer confín del infinito. Sería difícil, en este territorio de sombras, encontrar un ejemplo adecuado que iluminase los arcanos donde yace sumido el significado primigenio del ser –o de la entelequia y el pretexto- como no poeta, o, simplemente, como cenizas inimaginables. Por poner algún ejemplo que nada explique, ejemplo que por otra parte en ningún caso se podría considerar paradigmático, aunque, sin duda, tal vez resulte el más adecuado por ser el que quizá me quede más lejos, se podría decir que yo hoy creo en dios sin ningún tipo de incertidumbre, pero ayer tampoco. Una última cosa: el no-poeta nunca miente, pero tampoco dice la verdad, porque la desconoce.



Al Consejo General del Poder Judicial
¿Por qué se casan un hombre y una mujer?
Porque se quieren
Por intereses, a veces
Creados, sin crédito, obligados, prestados, de Estado.
¿Por qué no dos mujeres?
Si se necesitan
Si bajo las estrellas o techo de escayola duermen abrazadas
Entrelazando cuerpos y almas
Cuerpo y alma
Para no estar solas.
¿Por qué no un hermano y una hermana?
Si su amor fraterno fertilizó territorios de nuevos sentimientos
Haciendo germinar el deseo como un candoroso clavel
Si son incapaces de dejar de mirarse el uno en el otro
Si sólo son felices en su arrullo enamorado.
¿Por qué no una mujer y dos hombres?
Si son capaces de reír
De llorar juntos
De ser amigos, cómplices, camaradas, en un mundo de conspiración y zancadillas
Si gozan
Si encuentran un poco de felicidad en su múltiple conjunción copulativa.
¿Por qué los diseñadores de culpas se afanan
En construir pecados de artificio con la madera noble del cariño?
Carcomiéndola.
¿Por qué se casan un hombre y una mujer?
Si se quieren
¿Por qué han de establecer un contrato sobre el aval del sentimiento?
Devaluándolo
Pagando el primer tributo de su unión civil a los chantajistas insaciables del consumo
¿Por qué han de adornar su compromiso con los oropeles fatuos de religiones
Que han sepultado bajo el lujo y privilegio de los altares el más grande y bello Mandamiento?
El AMOR.
¿Por qué un hombre y una mujer?
¿Por qué dos, tres, diez seres humanos?
Porque se quieren
Sin intereses
Sin culpas
Sin compromisos ni obligaciones
Más allá
De su amor
Sin más.
Este texto lo escribí, creo que allá por el año 2005, a raíz de unas desafortunadas declaraciones de un miembro del CGPJ –de cuyo nombre no puedo acordarme; esto es falta de memoria y no lo de Cervantes- en las que, con argumentos más propios de antiguos inquisidores que de la imparcialidad e inteligencia que debería siempre mostrar un alto magistrado, se oponía al matrimonio entre personas de un mismo sexo. De ahí, la dedicatoria.
Fotografía: Sergey Bizjaev.

En justa correspondencia
a su atenta cortesía
habré de decir, sincero,
que tuve mejores días.
Mas no quiero preocuparla
-Que tremenda bobería
cuando usted siente por mí
poco más que indiferencia-:
A pesar de los pesares
No habré de quedarme en ésta,
ya sabe aquello que dicen
que no muere mala hierba.
(De las náuseas del jardín
sólo brota la maleza).
Enero de 2007
Fotografía: Oana Cambrea Cutteroz

Edificó la esperanza
Sin nada,
Con sólo sus manos vacías
Y sueños como auroras estallando;
La alzó sobre el asfalto
A costa de su sangre, de sus noches,
De su aliento mudándose en arena,
Del compás de un ensueño sin bitácora
Amenazado de arritmia y rüina.
Y se alumbraron jardines de rosas,
Blanquísimas como la nieve,
Ansiosas por verse encarnadas
Entre amapolas de un rojo crepúsculo.
Pero vino un viento, como gangrena,
Carcomiendo el latido al pétalo,
Y sobre el páramo yermo y sin hálito
Sólo quedó la espina.
Fotografía: Olav Murillo.

Ya no alcanzaba a recordar el instante en el que dejó de creer en la magia, incluso no estaba segura de haberla tenido alguna vez entre sus creencias, pero, cuando le hablaron de aquel viejo roble en torno al cual se convocaban cada noche las hadas, no lo dudo un instante; al fin y al cabo estaba convencida de haber agotado ya todas sus opciones. Y, desnuda, se internó en el bosque a tratar de encontrarlo. Y así anduvo vagando durante siglos por los sombríos pasadizos del laberinto de su tristeza.
* * *
- Sé bienvenida –le dijo un hada de alas celestes al verla llegar-, son pocos los que tienen la fe suficiente para llegar hasta aquí, así que, como recompensa a tu perseverancia, te voy a conceder tres deseos. Pide lo que quieras.
- ¿Tres deseos? –respondió, incrédula y perpleja, mientras se frotaba los ojos para asegurarse de que no se trataba de un sueño-, tres deseos nunca serían suficientes, así que sólo te pediré uno, espero que puedas concedérmelo. Quisiera poder dejar de desear para siempre.
El hada, entonces, conmovida ante el gélido y oscuro pozo que pudo vislumbrar tras su profundo desaliento, agitó dulcemente su refulgente varita mágica e hizo que le creciesen dos grandes alas verdes en la espalda.
- Desde hoy te llamarás Esperanza –le dijo, mientras la invitaba a alzar el vuelo.

Tú eres la voz
Que maneja las riendas.
Me desbocas a tu antojo y después
Devoras mi galope,
Desclavas tus espuelas,
Huyendo de la escarcha de mis crines,
Robándome la senda y el aliento.
Subes y bajas cual turbia marea
-------------------------------------------------- Sepultando
Las huellas de los números,
La irrefutable perfección del cero
Y el calor de las líneas tangentes,
Cuajándome de aristas como gotas de lluvia.
Quiero gritar mil estelas que sangran,
Mas ¿cómo he de nombrar
Aquello que no existe?
(Ya sólo un nombre.
Ya sólo un nombre y el arduo silencio)

“Que mi alma no descanse si de amar se trata”
Sobre el asfalto mis lágrimas dejo
Cada mañana: ¡Estoy tan cansado!;
Cansado de mirarme en el espejo
Y, solo, verme de un recuerdo al lado,
De un pudo ser. Me siento ya tan viejo
Como el muro, de grietas socavado
Y a punto de caer, pardo reflejo
De un pasado de albura engalanado,
Que yace en ruinas. Y aunque ansío el sueño
Que me diere paz e infinita calma,
Terco, en seguir erguido, me empeño,
A la luz del sol como enhiesta palma:
¡Mientras me habite este anhelo sin dueño
No pienso darle descanso a mi alma!
Mil gracias a Marta por prestarme la imagen que ha inspirado este agridulce soneto.

La vida, es cierto,
Da muchas vueltas,
Te humilla, te revuelca, te arrastra, como al lodo,
Contra las rocas, contra el pasado, contra la horrible
Revelación de los espejos,
Hasta que sólo queda arena muerta.
Y en uno de esos golpes todo cambia,
De súbito,
Y se decreta la amnistía.
Pero ya no es posible
Reintegrarse;
No hay vuelta atrás para un cadáver.
Fotografía: Marco Santucci.

Y ahora al fin caigo en la cuenta
De que tú y yo nunca alcanzamos
A ser verdaderos amigos.
Pero, entonces,
Qué fue,
Es que acaso me amaste?
No, mi amor, no respondas,
Que si un grave sí brotase en tu aliento,
Habría de verter mi sangre enferma
Para librarme del tiempo perdido,
Del dolor, del fracaso, de mi vida
Sin luz y sin sentido;
Y si dijeses que no…
Entonces…
Qué
Qué fue, qué fui,
Quién
Soy.
Fotografía: Marcus J. Ranum.

Esta noche me he soñado
Desparramándome en latidos seminales
Por cada poro de tu piel.
Gemíamos sublimes alaridos
De un sudor a borbotones dulciamargo
Y un éxtasis de nubes blancas
Nos colmaba la boca de jazmines.
Yo los lamía en tu aliento
Con el ansía de mil noches atrasadas
En un intento asombrado
Por evadir la vigilia.
12 de octubre de 2006.
Fotografía: Andrey Razoomovsky
