miércoles, 31 de marzo de 2010

Quimera


Tanto tiempo el jardín
Sediento bajo el árido celeste
Que pienso que la flor que arde en su centro
Debiera ser ya polvo inanimado
Y no este mar amargo sin resaca
Lamiendo con su sal la playa virgen.

martes, 30 de marzo de 2010

Paramnesia


¿El amor?
Tara o don
No lo conozco.

No obstante algo me dice que hace tiempo
Pobló las soledades de mi casa
Colmándola de luz de fe aire fresco
Creciendo como hiedra en cada estancia
Pintando de encarnado las paredes
Abriendo al mes de abril puerta y ventanas.
Será este déjà vu que irrumpe a veces
Lo mismo que cizaña áspero sueño
Contraste en que contemplo descarnados
Los muros sin rendijas los rincones
Comidos por el polvo las penumbras
Lo cóncavo enmohecido el desencuentro
La pétrea soledad de los pasillos
La ruina pertinaz del desengaño.
A veces viene el odio a visitarme
E iluso ante el salón deshabitado
Lo invito a que se quede ciego pienso
Mejor que solo mal acompañado.
Mas viendo la tristeza que me embarga
Cobarde como es siempre a toda prisa
Huyendo pavorido me abandona
Dejándome en mi duelo
Desolado.

lunes, 29 de marzo de 2010

El blues definitivo


Nombrarte ante el espejo
Cauterio irrenunciable
Contra la sombra inerte
Lunática y callada
Tatuada en mi ataúd por los cipreses
Conjuro convocándote a ser eco
Aliento que en mis sueños sin aurora
Trasmude en un prodigio alegre y rojo
El canto azul y triste de los negros.



En la fotografía: Billie Holiday.

domingo, 28 de marzo de 2010

Sol sin párpados


Me sigue a todas partes
Recordándome
A aquel que ya no soy
A aquel que se extinguió bajo las alas
Plomizas del ocaso.
¡Maldito sol sin párpados que engendra
Golpeando la piel lívida del sueño
El vano espejo opaco del que nunca
Fundida en su ceguera al denso asfalto
Podrá escapar la luz que rememoro!
Me sigue a todas partes proclamando
Que es ella la verdad y yo tan sólo
Su lúgubre reflejo en el fracaso.

sábado, 27 de marzo de 2010

Desde el brocal


Siempre el agua
La sed
El cántaro hecho añicos
Y al fondo en el remanso
Negro y
Gélido
La luna –ese espejismo.

viernes, 26 de marzo de 2010

Una de dos


Para este cruel dislate
Para este contumaz tira y afloja
Con que ávida desgarras mis alas sin aliento
Tan sólo pueden darse dos motivos
Que exhausta y sin valor te estés muriendo
Por darme un fraternal y estrecho abrazo
O en cambio porque de una vez por todas
Me abrace atroz la muerte.
Jamás podré saber por cuál te riges
Pero eso amor al cabo da lo mismo
Jamás renacerá de sus cenizas
Un fénix muerto en vida de destiempo.

Mono


YO SOY EL DERROTADO de una guerra que no tuvo comienzos. Soñando entre cadáveres, con una paz blanquísima aplastando contra el cielo mi osamenta, y un hedor de flores marchitas pudriéndome la sangre, eternamente herido me debato entre un cúmulo aberrante de hipócritas señuelos y el aliento macilento de la nada tintando de amarillo el horizonte y sus motivos sin matices.

Mi nombre es Calvario y a la edad de mil cien años, cuando aún no había nacido, un hada visitó mis labios trémulos, concediéndome el don de hablar con las estrellas: esa inmortalidad punzante con la extinción como destino.

No tratéis de entenderlo: los prodigios fehacientes nunca fueron patrimonio del lenguaje ciego y cicatero de lo apático, ni del rancio raciocinio convicto y falto de pasiones negras de los que en su insultante inmadurez siempre han sido adultos; porque ¿acaso no se encuentra la inocencia tatuada a sombra y fuego en la piel de la caverna? La inocencia necesita tiempo, no es un don innato, es cuestión de duda y práctica, procede del dolor acumulado al fondo oscuro y quedo de los piélagos, no puede subsistir sin un mucho de suerte y un permanente desaprendizaje.

Ese fue el camino que inicié tras ser tocado por aquel conjuro sin palabras. Nunca supieron mis cuencas vacías de la luz del firmamento, pero su impúdica presencia sin origen nunca dejó de acecharme tras la seca levedad de la tramoya.

La eternidad avanza inexorable, nos lame los talones, destruye con su sed las paredes del cántico, dejando a merced de la intemperie nuestros miedos, nuestras pérdidas, la asfixia en la inminencia de una muerte que iguala la ebriedad de los sentidos con la estoica y mineral piedad de lo infinito.

Sólo la lágrima es mi escudo; fue el sórdido legado del hechizo que instaló en mis noches puras el nido agonizante de la víbora, la bestia sin conciencia que nutre su avaricia en el pecado. Me afano en ocultármelo, pero mi testamento es una sombra devorando las alas de los pájaros sin nombre, una arruga caudal y pavorosa que brota sempiterna del fondo agudo y tosco de lo cóncavo. La inmisericordia no es más que un espejismo, pero eso no es cauterio ni aval contra los lobos, y una desmemoria hirsuta y miserable, anclada en un recuerdo atávico sin fondo, la delata.

Antes de contaros la verdad de estos disfraces, estuve veinte siglos sin probar la marihuana ni la imagen sepia que apresó el daguerrotipo aquella noche de diciembre en mi memoria; ya sólo la adicción a las espinas me dicta lo que callo.

Tras perderse entre las nubes como el humo la hechicera, limpio y titilante entre carroña, los buitres despreciaban los despojos de mis sueños, mansedumbre sin mácula en lo eterno. Tuve que arrastrarme pavorido bajo el vómito del tiempo, huyendo del espasmo criminal de lo evidente: el túnel se estrechaba sin hálito de luz volando al fondo; mi miedo aún sangra. Cuando alcancé a salir del bosque subterráneo y fetal con aquel peso indeseado ocupándome la sangre, mi lengua en el silencio se hizo náusea; atónito gritaba tratando de entenderme, pero era ya muy tarde para pláticas.

Hacía frío; un frío roto de cristales.

El hielo y una luz amarillenta cegaban mi lenguaje y el tímpano quebrado de los astros: vi a dios por un instante. Empuñaba una espada capital y amenazante, y una fragancia falsa con olor a azufre ardiendo entre las zarzas, promesa inexorable hiriente como el alma de los tristes que aún no saben que se han muerto, brotaba a borbotones desde la trinidad pagana de sus sombras. No pude contemplarme en tanto frío, y eché a correr bajo las aguas. Las estrellas, impotentes, me miraban desde un lago de tristeza con insólita ternura. Pero era más intensa la distancia.

El dolor de la impotencia no es estático, son las uñas de los sueños rompiendo eternamente sus carencias contra un muro hecho de abismos.

Tras salir de la ciénaga –iluso, eso creía- un desierto sin arena poblado de abrojos oxidados, me cercó con su aliento de escorpiones: el fuego de la noche me arrobaba. Busqué entre los ocasos de mi alforja la luz filosofal de otra pobreza, pero mis muñones ya estaban cubiertos de belladona y plomo. Mi escudo se deshizo en mares pétreos. Inerme y desarmado, descalzo caminé sobre alfileres a la espera sólo ya de lo imposible inesperado; detrás de los confines de lo agónico, el tiempo nunca otorga a los vencidos la hiel de un nuevo lance, segundas oportunidades.

Jamás la cicatriz frena la sangre de los sueños devastados. A oscuras, la noche es larga, pero siempre llega a destiempo.

Desde lo alto de la cruz rogué vinagre, y el hada apareció de nuevo transmutándose en revólver. “Juega conmigo una vez más” –me dijo. Lo tomé con desgana entre mis manos, giré el tambor con celo, y disparé contra mis sienes; un fanal de alas blancas salpicó con sus aullidos las paredes macilentas del vacío. Fin del trayecto; la bóveda celeste, ennegrecida, respondió con un eco hecho sarcasmo amarillento, al pálido bramido de la pólvora. Eterno es el lamento de los muertos que vagan desolados buscándose en la estrella de lo yermo. Mañana aquel páramo será nombrado Gólgota. Pero mi reino, como siempre, ya no será de este mundo; jamás la cicatriz frenó mi nombre.

Kseniya Simonova - Sand Animation



Se suele decir que una imagen vale más que mil palabras. Creo que no es así siempre, es más, pienso que no suele darse muy a menudo. Pero, en este caso, sí.

jueves, 25 de marzo de 2010

La flor del tiempo


Concédeme un minuto
Por si se cierra el círculo por si mañana muero
Y déjame que te hable a tumba abierta.
Concédeme un minuto
Y si se cierra el círculo
Que abona los cipreses
Perdona los pecados de mi afecto
Y luego echa una flor sobre mis huesos
Dejando así a mi espectro liberado
De sueños elevarse hacia lo cóncavo
Dejando para siempre en esta tierra
Su pavoroso infierno.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Berlín, 1989



“Siempre habrá alguna bota sobre el sueño
efímero del hombre”

Idea Vilariño

Cayó el muro cayó tras larga espera
Y el mundo se vistió de encuentro y fiesta
Del fin de la vergüenza de paloma
De júbilo aire fresco puerta abierta.
Y henchidos de aquel sueño de noviembre
Fue tanta la ebriedad que no alcanzamos
A tiempo a vislumbrar que de sus ruinas
Aquellos que colmaban nuestras copas
Ya estaban colectando la materia
Para otro muro alzar otras mazmorras.

Nacido (un poema de Elsa Baig)


(Versos para Rafa)


Es verdad que el canto quedo,
Susurro en el desespero,
Sin manos, sin piernas, huero,
Es un hálito de vida;
pequeño, sí, pero cierto.

También insignificantes
Pueden parecer los versos
Si el desespero ha negado,
De la noche y sus estrellas,
Una sola en tu regazo.

Por eso el grito, poeta,
Nacido, grande, con fuerza.
Por eso el verso maldito
Maldiciendo las afrentas...
Y si no grandes, pequeños,
Que nos sirvan, mientras tanto,
Para no vivir sin sueños.

Qué fatiguita, madre


“armonioso ritmo
que con cadencia y número
las fugitivas notas
encierra en el compás;”

Gustavo Adolfo Bécquer
Si al bueno de Gustavo Adolfo Bécquer
Ese pedaso de poeta
Nos lo hubiesen parido en esta época
De patética envidia y ruda cólera
Regida por ególatras mediocres
En los clanes poéticos de moda
Lo habrían apuñalado por la espalda
Metafóricamente hablando o puede
Que incluso como hicieran en su día
Con aquel otro que exclamó perplejo
Mierda!
Tu quoque, Brute, fili mi?

martes, 23 de marzo de 2010

El infierno musical


Callada me ensordeces me amordazas
Me impones refrenar mi único anhelo
-ya todos los demás di por perdidos-
La música en tu voz y mi palabra
Qué puedo pues hacer si no es largarme
Con mi puto silencio gonorreico a otra parte
La región de lo cóncavo.

La despedida


AMBOS sabían que aquella noche el destino los separaría tal vez ya para siempre.

-Sube esta noche conmigo.

-No puedo… no debo; sabes bien que me tendría que marchar a lo sumo en una hora.

-¿Y…?

-Que sólo me permitiría subir si fuese para despertar a tu lado.

-Pues, entonces, llegado el momento, simulemos que se nos amanece el día del fin del mundo.

Fotografía: Anne Vitale.

lunes, 22 de marzo de 2010

Solsticio de invierno


"- Si hubieses nacido hoy no buscarías tesoros o huevos escondidos"

Isabel Guevara

Debieran nuestros días sin mañana
Ser sombra equinoccial marzo y septiembre
Lígeros equilibrios titilando
Muriendo renaciendo renovándose
El brote que se expande y la hoja muerta
Que arrastra el viento a ser germen de vida
Mas sólo son perdidos en la Noche
Solsticio atroz de infiernos.

Fotografía: Sara Saudek.

El de los pies ligeros


Dejar atrás el tiempo /

No es fácil consumar tan vasto anhelo /
El tiempo corre vuela / se erige en zancadilla a cada instante /

Los muñones
Se arrastran.

Ilustración: "Dejando atrás el tiempo", de Mar Sánchez.

Seguidilla (VII)


Mi amor, mi frustración,
Qué largo el tiempo
Sabiendo tu abandono
En vida eterno.

Y a dios le pido
Que un más allá no alargue
Tanto castigo.

domingo, 21 de marzo de 2010

El beso (recordando a Girondo)


Se miran se escudriñan de soslayo
Se huelen a escondidas se olfatean
Sin fe ni fuerza se atan a los mástiles
Mas un golpe de mar -quizá de suerte-
Deshace las amarras los enciende
Y ahora con fruición se están probando
Preludio que en su gula les anuncia
La llama etérea y trémula del tacto.

La sublime belleza de lo herido


“Su belleza
era la luz de los cuchillos.”

Piedad Bonnett

Mira esa luz
Triunfante en los espejos
Limpia
Sin una sombra

Victoriosa
Sin un solo rasguño
Ni marca de batallas
El lustre de sus huellas
Su tiempo bien planchado
Siempre a resguardo
Siempre
Colores combinados con esmero
Las horas por delante
Sin el rojo encendido de la sangre

Solsticio helado y puro
Voraz como un cuchillo
Violento entumecido
Naturaleza muerta.
Mira después
La sombra
La nausea en sus zapatos
La llaga equinoccial
Que estalla se retuerce
Que erige en la derrota
Su frágil equilibrio
Muriendo
Retoñando
Dejándose el aliento
Prendido en las espinas
Del viento y de la rosa
Su sangre
Roja enferma
Sus tripas desahuciadas
Hastiadas de destiempo
Su piel lívida y mórbida
Rasgada hecha jirones
Desnuda expuesta al hielo
Su trémulo caudal
Vertiendo sin medida
Agónico y vital
Su insólita belleza.
Ciega esa luz mortal
De acero hambriento y frío

Y alúmbrate en la entrega de las sombras
La cálida y sublime
Belleza de lo herido.

Fotografía: Helmut Newton.

sábado, 20 de marzo de 2010

As de co-razón


Toda razón,
Sopesas cada
Paso, privada
De alma y pasión.

Yo, corazón,
Huella alocada,
No entiendo nada
Sin emoción.

Y, en mi locura,
Aun baladí,
Te busco ciego;

Cuánta amargura
Ser para ti
Tan sólo un juego.


Fotografía: Julia Borodina.