martes, 22 de julio de 2008

Poema ele-mental



Ven hasta mí, locura,
Y hospédate en mi sangre;
Anega mis sentidos de espejismos
Y siembra mi tristeza con los nombres
De la ilusión perdida;
Tiñe mi soledad de historias falsas
De duendes, hechiceras y alquimistas
Como cuando era un niño y no entendía
Los signos de la muerte.

Para seguir viviendo.

Trapos viejos



Qué dolor de aquel tiempo
De renuncia a tu lado:
Mis noches y mis días,
Mi invierno y mi verano,
Mis años y minutos,
Mi albor y mis ocasos,
Quebrándose en jirones
Cual desgastado trapo.

Mas que yo no daría
Por ese ayer cansado
Llenando mi presente
De añicos desgarrados,
Frente a este tiempo muerto
Que agoniza, olvidado,
Cual traje, en un arcón,
Por siempre, almidonado.

lunes, 21 de julio de 2008

Hemorragia


Si una madrugada se seca el pozo
Del que manan mis versos de agua negra,
Y en su fondo se abisma en cuerpo y alma,
El brillo que, ajeno, alumbra a la luna,

No penséis que ese firmamento negro,
Nacido de las capitulaciones,
Renacerá al celeste de la aurora,

Ni que éste al que algunos llamáis poeta,
Habrá de regresar de las cenizas
Asido al estandarte del poema.

No canta el juglar: se derrama el hombre;
Y así, cuando ese pozo ya no mane,
Signo será de que ya fue vertida
La última gota de su sangre yerma.

domingo, 20 de julio de 2008

Sed de ser tu sangre


Arrástrame volando hasta los límites
De nuestra inescrutable inexistencia
E inventemos allí de Quimeras un lecho
Antes de que el albor haga arder nuestra carne
De criaturas nocturnas.

sábado, 19 de julio de 2008

[[*]]


A MeRieM

Sembrar mis flores;
en tu yermo destierro
ser primavera.


Fotografía: "Namaqualand in Bloom", de Freeman Patterson.

Velas rasgadas



(La partida)

Cadáveres de océanos:
Sucumbe entre las redes, la vela de un pez luna.

Emigra el viento,
Nada
Permanece al eclipse.


Ilustración: Andrey Razoomovsky.

Poema infantil… más o menos.



Detrás de su atril arengaba al pueblo
Con una soflama muy profesional:
"Puedo prometer, por tanto, prometo
Tierra, democracia, plata y libertad".

(Bandadas de gansos, allende en los cielos,
En tropel graznaban “cua cua cua cua cua”.)

viernes, 18 de julio de 2008

Con las bocas puestas


Bajo el torvo estandarte
Que comanda al silencio,
A estrofa abierta se alza,
Insurrecto, el poema.

David, frágil, se enfrenta,
Desahuciado e inerme,
A la hueste invencible
Del gigante del tiempo:

Temeraria disputa
Que, victoria a victoria,
Lo aproxima a su sino:
La derrota final.
-

Moscas


A Manolo Rubiales

…“raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,
----- —que todo es volar—,”…

Antonio Machado.

Ser mosca cojonera, ni es fácil, ni está carente de riesgos: el burro es grande y, en cualquier momento, nos puede aplastar con un golpe de cola. Pero… ¡es tan gratificante volar!, compañero.
-

jueves, 17 de julio de 2008

Desolación


Aún te sigo esperando
Exánime a la vuelta de la espina
De esta calle atestada de maraña
En mi ciudad sin ti.

Jirones bajo el telar de Penélope


Sobre el puerto, entre la pútrida niebla,
Abiertos como párpados, se abaten
Los buitres del insomnio.
En ávida jauría picotean
Jirones desgarrados de coágulos
Que mudan las sombras cera quemada.
Después llegan los cuervos,
Ungidos de un sudario de naufragios
A despiezar las sobras…
Y del terco esqueleto
Del mar de los deseos
Sólo renace corrompido al alba,
El llanto hecho carnaza.


Ilustración: “Ulises y las sirenas”, de John William Waterhouse.

Caperucita Roja (de James Finn Garner)


Érase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, atención, sino porque ello representa un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad. Además, su abuela no estaba enferma; antes bien, gozaba de completa salud física y mental y era perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que era.

Así, Caperucita Roja cogió su cesta y emprendió el camino a través del bosque. Muchas personas creían que el bosque era un lugar siniestro y peligroso, por lo que jamás se aventuraban en él. Caperucita Roja, por el contrario, poseía la suficiente confianza en su incipiente sexualidad como para evitar verse intimidada por una imaginería tan obviamente freudiana.

De camino a casa de su abuela, Caperucita Roja se vio abordada por un lobo que le preguntó qué llevaba en la cesta.

- Un saludable tentempié para mi abuela quien, sin duda alguna, es perfectamente capaz de cuidar de sí misma como persona adulta y madura que es -respondió.

- No sé si sabes, querida -dijo el lobo-, que es peligroso para una niña pequeña recorrer sola estos bosques.

Respondió Caperucita:

- Encuentro esa observación sexista y en extremo insultante, pero haré caso omiso de ella debido a tu tradicional condición de proscrito social y a la perspectiva existencial -en tu caso propia y globalmente válida- que la angustia que tal condición te produce te ha llevado a desarrollar. Y ahora, si me perdonas, debo continuar mi camino.

Caperucita Roja enfiló nuevamente el sendero. Pero el lobo, liberado por su condición de segregado social de esa esclava dependencia del pensamiento lineal tan propia de Occidente, conocía una ruta más rápida para llegar a casa de la abuela. Tras irrumpir bruscamente en ella, devoró a la anciana, adoptando con ello una línea de conducta completamente válida para cualquier carnívoro. A continuación, inmune a las rígidas nociones tradicionales de lo masculino y lo femenino, se puso el camisón de la abuela y se acurrucó en el lecho.

Caperucita Roja entró en la cabaña y dijo:

- Abuela, te he traído algunas chucherías bajas en calorías y en sodio en reconocimiento a tu papel de sabia y generosa matriarca.

- Acércate más, criatura, para que pueda verte -dijo suavemente el lobo desde el lecho.

- ¡Oh! -repuso Caperucita-. Había olvidado que visualmente eres tan limitada como un topo. Pero, abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!

- Han visto mucho y han perdonado mucho, querida.

- Y, abuela, ¡qué nariz tan grande tienes!... relativamente hablando, claro está, y su modo indudablemente atractiva.

- Ha olido mucho y ha perdonado mucho, querida.

- Y... ¡abuela, qué dientes tan grandes tienes!

Respondió el lobo:

- Soy feliz de ser quien soy y lo que soy -y, saltando de la cama, aferró a Caperucita Roja con sus garras, dispuesto a devorarla.

Caperucita gritó; no como resultado de la aparente tendencia del lobo hacia el travestismo, sino por la deliberada invasión que había realizado de su espacio personal.

Sus gritos llegaron a oídos de un operario de la industria maderera (o técnicos en combustibles vegetales, como él mismo prefería considerarse) que pasaba por allí. Al entrar en la cabaña, advirtió el revuelo y trató de intervenir. Pero apenas había alzado su hacha cuando tanto el lobo como Caperucita Roja se detuvieron simultáneamente.

- ¿Puede saberse con exactitud qué cree usted que está haciendo? -inquirió Caperucita.

El operario maderero parpadeó e intentó responder, pero las palabras no acudían a sus labios.

- ¡Se cree acaso que puede irrumpir aquí como un Neandertalense cualquiera y delegar su capacidad de reflexión en el arma que lleva consigo! -prosiguió Caperucita-. ¡Sexista! ¡Racista! ¿Cómo se atreve a dar por hecho que las mujeres y los lobos no son capaces de resolver sus propias diferencias sin la ayuda de un hombre?

Al oír el apasionado discurso de Caperucita, la abuela saltó de la panza del lobo, arrebató el hacha al operario maderero y le cortó la cabeza. Concluida la odisea, Caperucita, la abuela y el lobo creyeron experimentar cierta afinidad en sus objetivos, decidieron instaurar una forma alternativa de comunidad basada en la cooperación y el respeto mutuos y, juntos, vivieron felices en los bosques para siempre.



(Cuento contenido en "Cuentos infantiles políticamente correctos", de James Finn Garner)



miércoles, 16 de julio de 2008

Tragando espuma


Tú, cuerda de atar,
y yo, en mi locura
de amor, maniatado.

Íntima ignominia


Con la noche cerrándose a destiempo,
La aurora abre sus alas, cual ensueños quebrados,
Mordiendo al sol los párpados.
Ciego el astro rey de infecundo espanto,
Abdica abandonando su aureola
A las sórdidas hordas de abstinentes tiranos
Que, en sus restos celestes, alzarán un patíbulo
Para ahorcar sin piedad y en brutal ignominia
Al fruto de la soga y la mandrágora.
-

Amor-atado



Se me ha clavado un verso en la garganta:

La espina de un recuerdo,
Desgarrando,
Atravesada en mis cuerdas vocales.
No sé si es de Gorgona
O de rosa tardía,
Mas gime en mi asfixia un lívido aroma
A ocres horas de otoño
Y bajamar de piedra.

martes, 15 de julio de 2008

Amor-tajado


Vocablo elemental,
Jerga primaria que habita en las manos,
Sin luz, defenestrado;
Queda sinopsis
De lo nunca dicho,
Lo impronunciable,
Lo sin voz ni nombre;
Verbo hecho carne
Rumiando cristales;
Grito y silencio clamando al unísono
Por la sangre en la herida degollada
Del tacto hecho muñones.

(Ya nada espera en su roce rendido,
La perpetua añoranza)
-

Diluvio



El Éufrates sin cauce
No tiene rostro:
Decapitó con su sal mis pupilas.

lunes, 14 de julio de 2008

...esa es la cuestión


Cómo amar todo aquello
Que tú y yo, sin decírnoslo,
Por tanto tiempo amamos juntos.
O, lo que viene a ser lo mismo,
Cómo odiarte, amor, cómo odiarte.

Vastos horizontes (un poema de Jorge Riechmann)


El capitalismo
se autodestruye

Eso sí, compañero:
no te apresures
a descorchar la botella:

hoy sabemos
ya sin asomo de duda
que se lleva el mundo por delante.
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¡Y que demonios me importa a mí la poesía!


Estos poemas que escribo a destajo,
Todos se orientan hacia un mismo norte:
Reconquistarte, amor, reconquistarte.
Mas llevo tanto tiempo en la zozobra,
Tragando el agua amarga de la ausencia,
Que no sé si me fallan las metáforas,
Pierden su rumbo en tu vista cansada,
O que has desimantado ya por siempre,
Tomándome por muerto, mi bitácora…
En cualquier caso, amor ¡qué gran fracaso!
¡Que gran fracaso, amor, qué gran fracaso!
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