miércoles, 31 de octubre de 2012

A los que ansían y reclaman orden


Cuando, en un Estado dado, el orden emana, de un modo natural y sin asperezas, de la justicia social, podemos, sin faltar a la verdad, hablar de democracia. Pero cuando el orden es impuesto de manera más o menos abrupta, con el fin de, santificando la falta de equidad, satisfacer los intereses particulares de determinadas élites, sea cual fuere su carácter, ya estamos hablando de otra cosa que, ya en sentido algo más amplio, ya de un modo literal, responde al nombre de totalitarismo.

Pista americana


He muerto tantas noches por tu causa.
Solo en mi habitación, callado, a oscuras,
con la tristeza impúdica y estéril
del que ansiando morir en la batalla,
tullido y sin vigor, bajo en defensas
–carencias de carácter vitamínico-,
siente que se lo lleva un mal catarro.
Y no sabrás jamás como echo en falta
haber caído abatido por el lúbrico
ardor hondo y letal de tu metralla.

martes, 30 de octubre de 2012

Haiku -o lo que sea- irreverente


llueve a destajo
en la altura San Pedro
cobra por litros

Tú y yo, los otros, nadie, los cercanos...


Tú y yo, los otros, nadie, los cercanos;
cada cual puede ser centro del mundo
-esto no es malo o bueno,
no es más que una cuestión de perspectivas-,
espejo magro y neutro
que otorga el metro exacto a cada cosa.
Mas cuando digo cosa,
no digo flora o fauna -sueño efímero-,
me refiero a la piedra,
esa deidad eterna
que carece de ombligo.

lunes, 29 de octubre de 2012

La oscuridad es dulce...


La oscuridad es dulce,
el dolor es celeste. Miro al cielo
y se anegan mis ojos de un vacío,
amargo sucedáneo de la muerte.
Con las uñas gastadas,
tratando de labrar un hipogeo
donde lamer las llagas ardientes del insomnio,
araño inútil-mente
la pétrea superficie del abismo.
En la altura, los buitres, entretanto,
sobrevuelan en círculos concéntricos
los restos aún calientes de la noche,
con ansias de vampiro.

Relatos verosímiles (54): El acoso (Carlos Parejo)


Alcaldes y concejales no cabían de gozo en sus chaquetas. Habían asistido todas las radios y televisiones locales para ver cómo inauguraban el primer “Call Center” sevillano, a la misma vera del río Guadalquivir. Los medios pregonaron que había traído la innovación y la modernidad. Pero la verdad era muy otra. Contrataron a doscientos sudamericanos en paro. Y a bajo coste, sus salarios ni siquiera llegaban a mileuristas.

El sosiego y la tranquilidad se ausentaron de los hogares trianeros. Desde la hora del desayuno a la cena; mientras se tomaba el aperitivo, se hacía el almuerzo, se dormía la siesta, se merendaba; se duchaba a los críos por la noche… sonaba el “molestófono”. Y una operadora que –no sé como-sabía tu nombre de pila y te llamaba de usted, te repetía constantemente la misma cantinela. “Tenemos una oferta única para usted de parte de la compañía telefónica Pesadilla…”. Si hubiera ocurrido en el siglo XXI, sería como una de las siete plagas de Egipto. José le habría dicho al faraón: “O nos dejas partir a la tierra prometida, o te pongo un call center en la misma orilla del río Nilo”.

© Carlos Parejo Delgado

domingo, 28 de octubre de 2012

Cambio de hora


Cuando despierto, el mundo
no es más que un yermo hirsuto
sin luz, calor ni cánticos, inmóvil;
un mar deshabitado sin minutos,
urdido con pingajos de salitre.
En el sinfín oscuro en que me arrastro
sin un astro celeste que me sirva
de norte en el camino hacia los límites,
visto de estricto luto por mis sueños:
no soy más que un espectro
invisible en el centro del vacío.
¿Qué horas son ya? ¿Las seis? ¿Las siete? ¿Cuándo
vendrá una llama a darle agua a mis náuseas,
a esta resaca espesa en que me ahogo
tras secarse la fuente donde, limpia,
manaba embriagadora la esperanza?
En la desolación,
palpando entre las piedras, busco un libro.
Lo abro: se hace la luz;
miles de voces tenues cuchichean:
“Esto es un espejismo, ya no hay tiempo”.

El mono y sus acólitos

A mis amigos fachas
-incluso ha habido algunos
que ya me han retirado,
cosa que me la suda,
muy dignos, la palabra-,
les molesta que diga
que están equivocados,
que votaron a un mono
faldero amaestrado
que obedece sumiso
al domador mercado
y por un cacahuete
de manos de sus amos
entrega sin escrúpulos
el pueblo a los leones
como en circo romano.
En cambio mis amigos
fachas se han permitido
-porque pretendo un mundo
sin leones, domadores
o el mono al que han votado-,
ataviados de esvásticas,
llamarme estalinista,
nombrarme con desprecio
a Ernesto Che Guevara,
Mao Zedong, Hugo Chavez
y hasta al mismo Pol Pot,
mezclando así a las churras,
mezquinos, las merinas.
A mí no me molesta;
tengo bastante claro
lo malo de los buenos,
lo bueno de los malos,
lo que es malo y peor
e incluso intolerable,
y admito, no como ellos,
que yo pudiera estar
en muchas ocasiones
también equivocado.
A mis amigos fachas
les diré tras, de nuevo,
recordarles el mono
sin moral que han votado,
ya lo afirma el refrán,
quien se pica ajos come,
y yo sólo los como
con aceite de oliva
y una buena tostada.
Así que, mis amigos
fascistas, ¡ajo y agua!

sábado, 27 de octubre de 2012

Apuntes de meta-anatomía para una ética poética

escribir
con el alma
razón
y corazón
el tuétano las vísceras el sexo
y no hacerlo jamás
pensando en el estómago

Amor teutón


Si he de serte sincero,
mi gran amor por ti
no fue por tu dinero;
eso era baladí.

Tampoco por tus... trenzas.
Me sedujo tu modo
de darle a la cerveza.

viernes, 26 de octubre de 2012

Poema de amor

las rubias
no son tontas
y además
tú eres teñida amor
tú eres
teñida

Qué gustazo, tú, qué gustazo



Hoy quiero deleitarme
escribiendo una birria de poema;
quiero decir más birria
que las birrias que escribo por costumbre
contra la discreción y eso que nombran,
no sé por qué razón, buenas costumbres.
¿O es que caso pensabais –qué os pensabais-
que admitiré algún día ser poeta?
Jamás os mentiría en tal asunto
y puede que tampoco en ningún otro
–al menos no a sabiendas.
Así que pongo manos a la obra.
Lo cierto es que no sé de qué escribir;
¡hay tanto, tengo tanto
guardado por decir que al cabo es nada!
Pero va bien la cosa;
aún no he proferido un exabrupto
ni he llegado a ensuciar, ni aun levemente,
un verso con palabras malsonantes.
Tampoco lo he mojado
con la sed de una lágrima, ni lo he roto en pedazos,
aullando contra el mundo y los bastardos
que con fruición lo están despedazando
desde el principio mismo de los tiempos
–la invención del reloj, esa guadaña.
Lo que os dije: una birria.
Porque ¿qué es un poema inmaculado,
un verso virginal, para qué valen,
para qué si neutrales no se mojan
o libres de dolor no nos conmueven?
Apenas valen nada; como mucho
para un deleite absurdo y onanista
de quien sin serlo se soñó poeta
–poeta, qué patético.
Así que ya está bien, ya disfruté bastante;
ahora quiero llorar con toda el alma,
impúdico y febril, escatológico
por la ilusión perdida, por los años
amando sin razón, contracorriente,
contra el desprecio cruel que cada noche,
que todas y cada una de las noches
–y no digo mil y una, digo todas-,
tomando por guarida mi memoria,
me arranca a dentelladas, de raíz sueños y lágrimas.
Y quiero, por qué no, también, aullando
–lo que además me sirve, aún siendo poco,
para lamer las llagas mencionadas-
cagarme en los bastardos, los neutrales,
los birrias que a sí mismos con orgullo
se dan el triste nombre de poeta.

jueves, 25 de octubre de 2012

Aquella dictadura...


Aquella dictadura
sin duda fue terrible
A diario en la cárceles
eran ajusticiados los vencidos
al despuntar el alba
Hoy todo es más sutil
una orden de desahucio
o carta de despido
y el régimen se ahorra
los dos euros escasos
que cuesta cada bala

Voy ebrio por las calles...


voy ebrio por las calles
repitiendo tu nombre
que apenas ya recuerdo
en un silencio ahogado de mandrágora
soñando con tu sexo esa entelequia
universo y a un tiempo
sustrato sin sustancia donde arraiga la nada

miércoles, 24 de octubre de 2012

De filosofías e idiosincrasias


Nos dejó dicho Heráclito que nadie
se baña por dos veces en idéntico río.
Que no estaba en lo cierto por completo
es algo fácilmente demostrable.
Basta observar para ello al español
de cirio y pandereta tropezando
una y mil veces y otras tantas más
contra la misma piedra.

Poética


no sé escribir sino de lo que sueño
el resto es silencio una mordaza
la celda de un presidio en la que el grito
rebota en las penumbras de los muros
igual que un proyectil que en su periplo 
sin tregua hace pedazos y enmudece
el cántico fugaz de la esperanza

martes, 23 de octubre de 2012

Para quién corresponda


no quiso
darle título
ni en la dedicatoria
a fin de no dar chance a la evidencia
usar su nombre propio o iniciales
escribió simplemente
para quien corresponda
y luego el más grandioso
el más bello poema
de amor jamás escrito
-pero nunca
sus versos
fueron correspondidos

Qué curiosity


Agencia NODO. Mare Erythraeum, 23-10-2012. El Curiosity envía a la Tierra un "robado" de Rajoy en bolas, celebrando en una presunta playa marciana (no confundir con la Manga del mar Menor) el reciente triunfo de la España de charanga y pandereta en las gallegas. Los técnicos de la NASA aún no dan crédito (igualito, igualito que la banca de la Una, Grande y Libre). "Estamos analizando pormenorizadamente la fotografía -dijo uno de los portavoces de la NASA-, por si se tratase de algún tipo de error en la decodificación de los datos enviados por el robot desde Marte. Y es que no nos cabe en la cabeza que el actual portavoz de las mafias financieras en el Reino de España haya tenido la osadía de irse a celebrar al planeta rojo".

lunes, 22 de octubre de 2012

Emprendedor


Vocablo polisémico,
parido en los obscenos mentideros
del ámbito político,
que en sus significados
distintos se aproxima a la antinomia.
De un lado se refiere
a aquel que se hace esclavo de sí mismo
por no tener donde caerse muerto,
y así se va arrastrando a duras penas
bajo el sórdido fango funerario
que engrasa los circuitos del sistema.
Del otro al esclavista
que, tras trepar a lo alto, lo más alto,
del basural, pisando en su periplo,
el cuello y la esperanza
de aquellos que en un tiempo fueron sus semejantes,
siendo sólo una rata, vive como los príncipes,
de la sangre, el sudor y las carencias
de una legión de zombis, de ilusos que se sueñan
a veces, sólo a veces, seres vivos.

Relatos verosímiles (53): Trianeros auténticos (Carlos Parejo)


Se decían entre sí que eran de los pocos “trianeros auténticos” que allí seguían todavía. Y compartían nostalgias comunes de un pasado ya desaparecido: Los fuertes lazos de vecindad de aquellos corrales de vecinos donde celebraron en común bautizos, comuniones y bodas; las salidas de la “hermandad”; las romerías al Rocío; las “Velás y sus cucañas”; Ver crecer, subir y bajar hasta morir a toreros, tonadilleras y cantaores gitanos famosos.

Pero el encanto mágico de sus recuerdos compartidos se quebraba bruscamente, como una linda porcelana, cuando miraban a su alrededor. Se sentían náufragos en el océano de la Triana contemporánea: ¡Qué seres tan anónimos les resultaban los nuevos personajes que habían desembarcado en el barrio¡

Y es que, atraídos por el ambiente vivo y típico de sus calles, éstas se habían llenado de estudiantes y turistas alquilados; de apartamentos y pisos de lujo para nuevos ricos que hacían su vida puertas adentro; de asalariados de cadenas franquicias y supermercados que vivían lejos; de las inmensas progenies de las innumerables tiendas chinas a buen precio que sólo hablaban con los de su raza; o de atildados dueños de establecimientos gourmet, que vendían carísimas y diminutas exquisiteces a precio de lingote de oro y paseaban con la compañía exclusiva de sus perros de pedigrí.

© Carlos Parejo Delgado

domingo, 21 de octubre de 2012

Sonetos a pares (sexta entrega)

No sé cómo saldrá este experimento
en que sumando al poeta el cocinero,
escribo este soneto del que espero
sea dulce como tarta o suculento

como embutido ibérico grasiento.

Mezclo los ingredientes con esmero:
un gato, un antifaz y, a cuerpo entero,
una mujer que quita hasta el aliento.

No está quedando mal. Pero ¿y las velas?

Mejor las sustituyo por la llama
de los libros ya que la bella dama
poeta es de la cabeza hasta las suelas.

No más falta la guinda. Ahí va. Te canto

“happy birthday to you”. Y un beso, encanto.


El Éxodo


Un soneto me manda hacer, oculta
bajo una mascarada epigramista,
una desconocida, sin mas pista
que dárselo al León porque resulta

que no sé qué trasunto me faculta

para que yo le rime y sea cronista
de una sorpresa dulce, una imprevista
demostración de afecto y lo que abulta.

Y en este aprieto estoy y lo que me queda

es decirle al artífice en la sombra
que la del antifaz y el gato espera

que sepa la sonrisa que se hospeda

debajo de la máscara, que asombra
saber que esa sonrisa le libera.


María Fernández Lago "P.O."

sábado, 20 de octubre de 2012

Poema sin título


Qué escribiría yo
y cómo, me pregunto,
habría titulado este poema,
si fuese una mujer, mujer que olvidas
mi sed mientras entregas tus aguas al desierto,
y no fuese tan débil
y no tuviese miedo
y erguida contemplase, indiferente,
a este que soy sin ser,
demolido; ¿silencio?

viernes, 19 de octubre de 2012

Si tú


si tú murieses si
tú ahora te murieses
si tú te me murieses
sería deserción
la más alta traición el más abyecto
el más grave pecado el peor mi amor
de todos los pecados
contra alguien que sin fuerzas se ha rendido
a ser ya hasta su fin carne de exilio

y no sé si podría si sabría
querría perdonarte

Cuento de horror


Día tras día, cuando aún no ha amanecido, sumido en la densa opresión del tráfico atascado, miro en redor de mi angustia, y todos los que me rodean, con el rostro enrojecido por la tinta infernal de las luces de freno, se me antojan siniestros maniquíes, muñecos hinchables a punto de estallar, despojados para siempre de su alma por el mismo demonio. Después, cuando llego a mi destino en ninguna parte, tratando de liberarme de la insoportable y pesada presión de lo vacío, de darme un breve respiro –hay paradojas sin explicación posible-, tras programar el temporizador y ajustarme bien la toma de aire, durante unos minutos me desinflo.

jueves, 18 de octubre de 2012

Breve tratado de ciencias políticas a la luz de la mecánica


cuando en un mecanismo
a una fuerza centrífuga
se opone otra centrípeta
de similar calibre
no es otro el resultado
que un tenso statu quo
agotador e inútil
que al cabo de la pugna
colapsa el artefacto
el cual queda abocado en su deriva
a ser un peso inerte en retroceso

Nacionalistos


Desviando la atención,
tanto monta, monta tanto,
Artur Mas que Gallardon.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Juan 18:36

qué nutritivo
papas a lo pobre
menú sin ese aliño vaticano
a base de oro y gula
que engulle entre salmodias el maná
de aquellos que no habrán de hollar ni en sueños
el cielo prometido

Miga


con p de pan se escribe pan
esto es más que evidente
y por lo tanto pretender
pergeñar una especie de poema
mutación aberrante
con mimbres semejantes
no crean tiene su miga
¡lo ven! ya acuden las hormigas

martes, 16 de octubre de 2012

Neolengua y Nobel de la Paz



En neolengua –que podría ser, según Orwell, la jerga propia del totalitarismo global- nada es lo que parece. Cada palabra es tan ambigua y turbia y está tan vacía de contenido, que puede tener varios y contrapuestos significados y, más que otra cosa, ninguno. Así, en neolengua cada palabra es siempre expresión del pensamiento único –que es sinónimo de no pensamiento- sobre el que, en última instancia, se sostienen y retroalimentan las estructuras de poder. La neolengua es un sistema de (in)comunicación dirigido a demoler cualquier tipo de dialéctica, de modo que al pueblo –una amalgama de individuos, sin nexo social alguno, relegados como mucho a la condición de súbditos- le sea imposible cuestionar cualquier tipo de imposición o dictado emanados de los aparatos espurios del Estado.  En consecuencia, cuando en neolengua se pronuncia la palabra Paz –pese a que el pueblo, ensordecido por el estrépito alienante de la jerga totalitaria, no se percate de ello-, se está hablando en realidad de opresión, terror, crimen y guerra. Por eso no debe extrañarnos que se haya concedido el Nobel de la Paz a la Unión Europea.

lunes, 15 de octubre de 2012

Jurassic park


Aquellos años de la transición
que, vaya uno a saber por qué demonios,
se apellidó en España democrática,
quizá no hayan tenido parangón
alguno en los anales de la ciencia.
La ajada piel de toro, en esas décadas,
fue un gran laboratorio tutelado
por diestros ingenieros que de un gen
de una bestia dichosamente extinta
un 20 de noviembre, dieron vida
a una antediluviana e insaciable
jauría de clones que hoy dominan todo
el ámbito económico y político.
Y así la madre patria se ha mudado
en un aterrador parque temático
donde el mayor tirano –paradojas
de la socio genética-, aunque parte
de los depredadores y heredero
directo de aquel saurio, no es el rex.

Relatos verosímiles (52) (Carlos Parejo)


Hay dos calles muy estrechitas en el arrabal trianero, las de Covadonga y Rocío, que pertenecen al mundo contemplativo de los filósofos. Todavía hay que andarlas despacito. Su espacio no se ha achicado con la entrada de los camiones y coches. Y se muestran escépticas respecto a la novedad de los ordenadores. No comprenden como un joven gafinegro y encasquetado puede pasearlas cual si un zombie. Lo que no han sido capaces de digerir es lo del venerable anciano Don Migué. Tras cumplir un siglo las ha visitado alborozado y saltarín. Y es que ha sido reprogramado celularmente como un muchacho adolescente.

© Carlos Parejo Delgado

domingo, 14 de octubre de 2012

Caída de tensión




Cuando se fue la luz,
todos pensaron que era lo de siempre:
un fallo más de tantos
de aquella vieja y frágil subestación eléctrica,
que bien pronto sería subsanado.
Fue un error de diagnóstico.
Después, poco después,
llegaron en tropel las fieras:
pedazos de ultratumba
que destilaban por su piel gélido espanto.
Diezmaban a su paso
la llama de los números y todo lo visible,
y los hombres rogaban a los dioses
que adelantasen con premura el alba.
No hubo respuesta alguna. Entonces
llegó un profeta: prometió la luz,
la luz de un dios que él mismo encarnaría
cuando la llama de la fe prendiese
en el alma mortal de los escépticos.
¡Que se haga ya la luz! –clamó a los cielos,
y todos vieron luz mientras echaban
raíces en sus almas las más espesas sombras.

sábado, 13 de octubre de 2012

Spider ku


hambre de ti
araña y telaraña
entre hojas secas

Incongruencia


cuando el ritmo y la métrica enmudezcan
y no quede siquiera una metáfora
de mármol bajo el mar como testigo
entonces sólo entonces sólo y qué
¿decir que lo lamento?
más quisiera
jamás fue el blues propicio
al arrepenti-miento

viernes, 12 de octubre de 2012

No al día de la (co)Raza


Celebro con cerebro
y todo el corazón:
siempre no al genocidio.

Eso es todo



“todo el prodigio se volvió espesura”

Mario Benedetti

todos
los días
todos
ni una falta
todos
metida aquí
lejos
tan lejos
y así
dentro de mí
como si nada

jueves, 11 de octubre de 2012

Lírica



Me pregunta Zutano –el camarero
del bar que hay en la esquina de la calle Parnaso-
si conozco a Fulano.
Después de, como poco, 10 cervezas
–pero qué’sagerao loh andaluce-
Cruzcampo Gran Reserva entre pecho y espalda,
pongo cara de póquer y él advierte
que no tengo ni idea, de momento,
de quien –¿de quién?, ¡cojones!-
me puede estar hablando.
Entonces apostilla: “Sí, hombre, sí,
Fulano, ese individuo
que también es poeta”.
No le respondo nada, dejo el tercio
aparcado en la barra y, con premura
–me estoy meando a chorros-,
camino dando tumbos
al fondo a la derecha,
con la sana intención de dar descanso
por cuarta o quinta vez a la vejiga.
“Fulano, ese individuo
que también es poeta” –me digo, mientras meo,
pensando que el adverbio de Zutano,
sin duda alguna, debe referirse
a Gelman, Margarit o el gran Panero.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Su última batalla




La batalla estaba siendo bastante menos favorable que de costumbre para el ejército del rey Waldemar, que hacía más de dos lustros era comandado siempre victorioso por el aguerrido Amalrik. La caballería de Hilmar había cobrado una clara y casi definitiva ventaja al sorprender a los de Amalrik en un estrecho desfiladero poblado de rocas que dificultaban sus maniobras, y las bajas comenzaban a ser numerosas, con lo que el desánimo era cada vez más evidente entre los suyos. Cuando Amalrik fue alcanzado y herido de muerte por espada enemiga en la mitad izquierda del tórax, desde donde comenzó a brotar sangre a deletéreos borbotones, el fatal desenlace parecía que se desencadenaría bien pronto de manera indefectible. Entonces, inesperadamente, surgió desde la retaguardia aquel guerrero menudo y desconocido manejando su espada con una maestría tal que nadie recordaba haber visto antes nada igual. Con gran destreza y corriendo un riesgo rayano en la temeridad más absoluta, se abrió paso al galope entre los jinetes enemigos hasta llegar junto a Hilmar por su flanco izquierdo para asestarle, sin darle tiempo a reaccionar, un fatal golpe de espada que le partió en dos la armadura por el costado y lo derribó del caballo, haciéndolo desplomarse con violencia sobre el suelo y aparentemente ya sin vida. La caída de Hilmar provocó en su ejército un desconcierto repentino y evidente, y a los pocos minutos se batía en retirada abandonando sobre el campo de batalla a sus heridos que metódicamente eran rematados sin piedad por los de Amalrik, que ya también yacía exánime sobre la hierba teñida de rojo.

Durante el trayecto de regreso al poblado, los guerreros no dejaron un sólo instante de aclamar a su inesperado nuevo líder. Cuando el ejército se presento ante Waldemar, al que ya habían llegado noticias de la singular hazaña, éste ordenó al desconocido héroe despojarse del yelmo para conocer su identidad y poder honrarlo como merecía.

Cuando la rubia y larga cabellera comenzó a ondear al viento y el rostro del guerrero se evidenció luminoso y engrandecido por los reflejos rojizos de los últimos rayos del sol poniente, el desconcierto y la ira asomaron abruptos e indiscutibles en el rostro de Waldemar.

–¡Alfhilde, hija! ¿Cómo habéis osado suplantar la identidad de un guerrero para cometer el imperdonable delito de hacer acto de presencia en el campo de batalla? ¿Acaso habéis olvidado que el arte de la guerra es un honor reservado a los hombres? ¿Es que mis enseñanzas no han conseguido haceros comprender que las únicas razones de la existencia de la mujer en este mundo no son otras que la de proporcionarnos hijos fuertes y valerosos que honren a nuestro pueblo vertiendo su sangre en el campo de batalla, y la de aliviar su cansancio y sus heridas tras el combate? ¿Qué atenuante podéis esgrimir para evitar que os condene, como merecéis, a una inmediata ejecución?

–¡Oh gran Waldemar!, padre mío; si mi única misión es la de tener unos hijos que durante años me han sido negados por los dioses, ¿deberé resignarme hasta mi muerte a una vida inútil y sin sentido? ¿Es que hoy no os he probado mi valía y valentía en el campo de batalla? ¿Acaso no he conducido a vuestro ejército diezmado a una inesperada victoria?

El alegato de Alfhilde levantó murmullos de admiración y respeto entre los guerreros, lo que no hizo más que encolerizar aún más a Waldemar.

–¿Es que, además, vais a osar desafiar mi sabiduría y la de todos nuestros ancestros y a cuestionar las normas por las que nos venimos rigiendo desde tiempos inmemoriales? Os exijo que os despojéis para siempre de esa armadura que estáis mancillando. Pero antes dadme el nombre del traidor que os ha ejercitado en el manejo de las armas. Sólo así os permitiré permanecer, ya deshonrada para siempre, en este mundo. Vuestra vida a cambio de que me entreguéis la suya.

–Si esa es su providencia, padre, que así sea. Aquí me tenéis dispuesta y sin miedo alguno a recibir vuestro castigo.

Waldemar, de inmediato y sin dudarlo un instante, desenvainó con furia su espada y la levanto firme sobre la cabeza de Alfhilde.

–¡Alto! –se escuchó entonces gritar entre la muchedumbre, perpleja ante un hecho tan inesperado, mientras Waldemar, sorprendido, suspendía el fatal mandoble de su espada.

–¿Alto? ¿Cómo, Gildwin, osáis también vos cuestionar mis hasta ayer indiscutibles decisiones? ¿Es que pensáis que no he sido ya hoy suficientemente desafiado por mis súbditos?

– ¡Oh misericordioso Señor! –dijo entonces Gildwin mientras se aproximaba para postrarse genuflexo a los pies del rey- Yo fui quién adiestró a vuestra hija en el manejo de las armas. ¡Tomad mi vida a cambio de la suya!

La cabeza de Gildwin, separada violenta y certeramente de su cuerpo, rodó hasta chocar con el pretil de un pozo, salpicando en su trayecto a muchos de los presentes con su sangre sin vida. Un murmullo, mezcla indisoluble de horror y desaprobación, se elevó entonces impertinente desde la muchedumbre hasta el cielo, sembrando por primera vez la duda y el desconcierto en Waldemar.

–¿Qué podemos hacer ahora con vuestra esposa¿ –dijo entonces el rey dirigiéndose al pusilánime Bernulf.

Bernulf, trémulo como hoja de sauce movida por la brisa de la alborada, se aproximó a Waldemar y, balbuciendo, le dijo en voz baja:

–¡Oh Gran Señor! ¿Acaso no veis el germen de rebelión que se comienza a extender entre los guerreros? ¿No sois consciente de la admiración que entre ellos ha despertado la hazaña de vuestra hija? Mi humilde e insignificante consejo es que dejéis a vuestra hija comandar vuestro ejército una vez más. Sin duda su éxito sólo ha sido el efímero y frágil fruto de la fortuna. Cuando se produzca su indudable fracaso en el campo de batalla, entonces podréis condenarla sin ninguna consecuencia indeseable al destierro o, si así os place, a la muerte.

–Sabio consejo el vuestro, Bernulf. Os será tenido en cuenta. ¡Qué así sea!

Combate tras combate, el ejército de Waldemar se fue haciendo mas fuerte e invencible y la fama de Alfhilde tan sólida, que muchos de los guerreros de las huestes enemigas desertaban nada más oír mencionar su nombre precediendo su llegada al campo de batalla. Por otra parte, con paso del tiempo, su ejemplo comenzó a cundir entre las mujeres, que empezaron a cuestionarse en secreto el dominio hasta entonces indiscutible de los hombres y a conspirar para tratar de urdir una estrategia destinada a lograr la cuota de poder y protagonismo que ya pensaban debía corresponderles en la toma de decisiones acerca de todo lo que afectaba a sus vidas. Bien pronto tuvo noticias Waldemar de aquella confabulación que no pudo más que interpretar como una insidia inaceptable y que exigía ser cortada de raíz.

Aquella mañana lluviosa y, como un presagio, pesadamente gris de noviembre, el ejército comandado por Alfhilde había formado en el campo de batalla para una nueva indiscutible victoria. Las huestes enemigas sólo eran la sombra de un débil espectro cuyo destino no podía ser otro que ser arrastrado como humo por el viento. Alfhilde comenzó a desplegar sus tropas para disponerlas para el combate. Miró a su espalda un instante para cerciorarse de que todo estaba en orden en la retaguardia y, entonces, su mirada se cruzó con la de Gernot, en la que durante un breve momento fugaz creyó adivinar una malévola expresión de asechanza.

Una vez desplegado su ejército, se produjo un prolongado silencio y una casi eterna quietud inusitada, tras los cuales Alfhilde dio orden de cargar contra el enemigo y, en ese preciso instante, sintió en su espalda la punzada de una lanza atravesándola y partiéndole en dos el corazón.

Nunca antes los ejércitos de Waldemar o de alguno de sus antepasados habían sufrido una derrota tan ignominiosa y sangrienta. Pero, a pesar de tan bochornosa afrenta, el Rey recibió la noticia de aquel estrepitoso fracaso sin expresar el menor atisbo de sorpresa, indignación o pesadumbre, y con una mal disimulada sonrisa en el rostro.

(Enero de 2006)